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¿Qué cosa, pues, es mi Dios?
"¿Abárcante, por ventura, el cielo y la tierra por el hecho de que los llenas?
¿O es, más bien, que los llenas y aún sobra por no poderte abrazar? ¿Y dónde
habrás de echar eso que sobra de ti, una vez lleno el cielo y la tierra? ¿Pero
es que tienes tú, acaso, necesidad de ser contenido en algún lugar, tú que
contienes todas las cosas, puesto que las que llenas las llenas conteniéndolas
? Porque no son los vasos llenos de ti los que te hacen estable, ya que, aunque
se quiebren, tú no te has de derramar; y si se dice que te derramas sobre
nosotros, no es cayendo tú, sino levantándonos a nosotros; ni es esparciéndote
tú, sino recogiéndonos a nosotros.
Pero las cosas todas que llenas, ¿las llenas todas con todo tu ser o, tal vez,
por no poderte contener totalmente todas, contienen una parte de ti ? ¿Y esta
parte tuya la contienen todas y al mismo tiempo o, más bien, cada una la suya,
mayor las mayores y menor las menores? Pero ¿es que hay en ti alguna parte
mayor y alguna menor? ¿Acaso no estás todo en todas partes, sin que haya cosa
alguna que te contenga totalmente ?
Pues ¿qué es entonces mi Dios? ¿Qué, repito, sino el Señor Dios? ¿Y qué
Señor hay fuera del Señor o qué Dios fuera de nuestro Dios? (Sal. 17,
32). Sumo, óptimo, poderosísimo, omnipotentísimo, misericordiosísimo y
justísimo; secretísimo y presentísimo, hermosísimo y fortísimo, estable e
incomprensible, inmutable, mudando todas las cosas; nunca nuevo y nunca viejo;
renueva todas las cosas y conduce a la vejez a los soberbios sin ellos
saberlo (Job 9, 5) ; siempre obrando y siempre en reposo; siempre recogiendo
y nunca necesitado ; siempre sosteniendo, llenando y protegiendo; siempre
creando, nutriendo y perfeccionando; siempre buscando y nunca falto de nada.
Amas y no sientes pasión; tienes celos y estás seguro; te arrepientes y no
sientes dolor; te aíras y estás tranquilo; mudas de obra, pero no de consejo;
recibes lo que encuentras y nunca has perdido nada; nunca estás pobre y te
gozas con los lucros; no eres avaro y exiges usuras. Te ofrecemos de más para
hacerte nuestro deudor; pero ¿quién es el que tiene algo que no sea tuyo,
pagando tú deudas que no debes a nadie y perdonando deudas, sin perder nada con
ello ?
¿Y qué es cuanto hemos dicho, Dios mío, vida mía, dulzura mía santa, o qué
es lo que puede decir alguien cuando habla de ti? Al contrario, ¡ay de los que
se callan de ti!, porque no son más que mudos charlatanes."
San Agustín, Confesiones 1, 3 – 4.
Oración:
Señor Dios, tú diste a san Agustín una inapagable sed de la verdad. En su búsqueda
él te encontró a ti, que eres la Verdad. Ayúdanos, mientras combatimos con la
duda, el temor y la mentira, a fundar nuestras vidas en ti, que eres nuestra
roca y fortaleza. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor, que contigo vive
y reina en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
De Ateneo Pontificio "Regina Apostolorum"
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