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En la Confesión se realiza la misericordia
de Dios
"También recibe el
alma de otra manera este bautismo, hablando de un modo figurado, por especial
providencia de mi divina caridad. Yo conocía la debilidad y fragilidad del
hombre, que le lleva a ofenderme. No que se vea forzado por ella ni por ninguna
otra cosa a cometer la culpa, si él no quiere, sino que, como frágil, cae en
culpa de pecado mortal, por la que pierde la gracia que recibió en el santo
bautismo en virtud de la Sangre. Por esto fue necesario que la divina Caridad
proveyese a dejarles un bautismo continuo de la Sangre. Este bautismo se recibe
con la contrición del corazón y con la santa confesión, hecha, cuando tienen
posibilidad de ello, a los pies de mis ministros, que tienen la llave de la
Sangre. Esta Sangre es la que la absolución del sacerdote hace deslizar por el
semblante del alma.
Si la confesión es imposible, basta la contrición de!
corazón. Entonces es la mano de mi clemencia la que os da el fruto de esta
preciosa sangre. Mas, pudiendo confesaros, quiero que lo hagáis. Quien pudiendo
no la recibe, se ha privado del precio de la Sangre. Es cierto que en el último
momento, si el alma la desea y no la puede haber, también la recibirá; pero no
haya nadie tan loco que con esta esperanza aguarde a la hora de la muerte para
arreglar su vida, porque no está seguro de que, por su obstinación, yo en mi
divina justicia, no le diga: "Tú no te acordaste de mí en vida, mientras
tuviste tiempo, tampoco yo me acuerdo de ti en la hora de la muerte". Que
nadie, pues, se fíe, y si alguien, por su culpa, lo hizo hasta ahora, no dilate
hasta última hora el recibir este bautismo de la esperanza en la Sangre. Puedes
ver, pues, cómo este bautismo es continuo, en el que el alma debe ser bautizada
hasta el final de su vida.
En este bautismo conoce que mi operación (es decir, el
tormento de la cruz) fue finita, pero el fruto del tormento que por mí habéis
recibido es infinito en virtud de la naturaleza divina, que es infinita, unida
con la naturaleza humana, finita, que fue la que sufrió en mí. Verbo, vestido
de vuestra humanidad. Mas porque una naturaleza está unida y amasada con la
otra, la Deidad eterna trajo de sí e hizo suya la pena que yo sufrí con tanto
fuego de amor. Por esto puede llamarse infinita esta operación, no porque lo
sea el sufrimiento actual del cuerpo y el sufrimiento que me proporcionaba el
deseo de cumplir vuestra redención (ya que ambas terminaron en la cruz cuando
el alma se separó del cuerpo), pero el fruto, que proviene del sufrimiento y
del deseo de vuestra salvación, sí es infinito. Por esto lo recibís
infinitamente. Si no hubiese sido infinito, no habría sido restaurado todo el
género humano: pasados, presentes y venideros. Ni el hombre cuando peca podría
levantarse después de su pecado, si no fuera infinito este bautismo de la
Sangre que se os ha dado, es decir, si no fuera infinito su fruto.
Esto os manifesté en la apertura de mi costado, donde
halláis los secretos del corazón, demostrándoos que os amo mucho más de lo
que puedo manifestar con un tormento finito. ¿En qué te he revelado que es
infinito? En el bautismo de la Sangre, unido con el fuego de mi caridad,
derramada por amor, con el bautismo general, dado a los cristianos y a quienes
quieran recibirlo, del agua, unido con la Sangre y con el fuego, en que el alma
se amasa con mi Sangre. Para dároslo a entender, quise que del costado saliese
sangre y agua. Con esto he querido responder a lo que tú me preguntabas."
Santa Catalina de Siena, Doctor de la Iglesia: El Diálogo 75.
Oración:
Señor Dios, tú has mostrado a santa Catalina el amor
infinito hacia todos los hombres, hechura de tus manos, que arde en tu corazón
. Ella compartió generosamente esta revelación y la vivió en todas sus
consecuencias hasta el heroísmo. Concédenos que podamos seguir su ejemplo,
confiando en tus promesas y aumentando nuestra fe en tu presencia en cada
sacramento, especialmente en el sacramento de tu perdón. Te lo pedimos por
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
De Ateneo Pontificio "Regina
Apostolorum"
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