 |
Cómo se entregó al servicio de los
leprosos
17. "Después,
el santo enamorado de la perfecta humildad se fue a donde los leprosos; vivía
con ellos y servía a todos por Dios con extremada delicadeza: lavaba sus
cuerpos infectos y curaba sus úlceras purulentas, según él mismo lo refiere
en el testamento: 'Como estaba en pecado, me parecía muy amargo ver leprosos;
pero el Señor me condujo en medio de ellos y practiqué con ellos la
misericordia'. En efecto, tan repugnante le había sido la visión de los
leprosos, como él decía, que en sus años de vanidades, al divisar de lejos, a
unas dos millas, sus casas, se tapaba la nariz con las manos.
Mas una vez que, por gracia y virtud del Altísimo, comenzó a tener santos y
provechosos pensamientos, mientras aún permanecía en el siglo, se topó cierto
día con un leproso, y, superándose a sí mismo, se llegó a él y le dio un
beso. Desde este momento comenzó a tenerse más y más en menos, hasta que, por
la misericordia del Redentor, consiguió la total Victoria sobre sí mismo.
También favorecía, aun viviendo en el siglo y siguiendo sus máximas, a
otros necesitados, alargándoles, a los que nada tenían, su mano gene Rosa, y a
los afligidos, el afecto de su corazón. Pero en cierta ocasión le sucedió,
contra su modo habitual de ser - porque era en extremo cortés -, que despidió
de malas formas a un pobre que le pedía limosna; en seguida, arrepentido,
comenzó a recriminarse dentro de sí, diciendo que negar lo que se pide a quien
pide en nombre de tan gran Rey, es digno de todo vituperio y de todo deshonor.
Entonces tomó la determinación de no negar, en cuanto pudiese, nada a nadie
que le pidiese en nombre de Dios. Lo cumplió con toda diligencia, hasta el
punto de llegar a darse él mismo todo en cualquier forma, poniendo en
práctica, antes de predicarlo, el consejo evangélico que dice: A quien te
pida, dale, y a quien te pida un préstamo, no le des la espanda."
TOMÁS DE CELANO, Vida primera, nn. 348-349
Oración:
Dio Onnipotente, che hai inviato il tuo Figlio Gesù per annunciare la buona
novella ai poveri e guarire i malati, fa che imitiamo San Francesco d'Assisi, il
quale non esitò a seguire le orme del Cristo nella compassione e nella
misericordia verso i più poveri. Concedici di rivestirci dei medesimi
sentimenti del tuo Figlio, per poter partecipare alla gioia eterna del tuo regno
insieme al povero Lazzaro, Lui che è Dio e vive e regna con te, nell'unità
dello Spirito Santo, per tutti i secoli dei secoli. Amen.
De "Comunità di Sant'Egidio"
|