 |
El nacimiento de Jesús
"¡Qué luz nueva sobre el mundo, qué gracia para
todo el cielo!. ¡Qué fue aquél fulgor, cuando Cristo
salió del vientre de María, con un nuevo esplendor!.
Era como un esposo exultante de su tálamo glorioso, hermoso
con una belleza atrayente superior a aquella de los hombres, en sus hermosos
labios, entre el brillar de su persona, se difunde una suave gracia.
¡Oh piedad diligente!. Para que el yugo servil no nos tuviese
bajo el dominio del pecado, el sumo Señor hace suyos los miembros
serviles, y él que antes del origen del mundo viste de sus dones
todas las cosas que nacen, no tuvo más vestido que los pobres harapos
con los que fue cubierto; y aquél a quien no alcanzan a contener
ni las olas agitadas de un mar tempestuoso, ni todo el suelo de la tierra,
ni la espaciosa estancia de los inmensos cielos, permanece todo entero
en el cuerpo de una virgen y - ¡El Dios! - yació en una pequeño
pesebre.
¡Salve madre santa, que has dado a luz a un rey, el cuál
gobierna por los siglos el cielo y la tierra, y cuya voluntad y poder,
abrazadas todas las cosas en un círculo eterno, dura sin fin; tú
que, teniendo en tu bendito vientre las alegrías de la madre junto
con el honor de la virginidad, apareces sin igual entre las mujeres que
te precedieron y entre las que te seguirán: tú eres la mujer
exclusiva, única y sin parangón, la que has agradado a Cristo!"
Sedulio, Carmen Paschale (II, 48-67)
Oración
O Dios creador del universo, concédeme antes de nada que
te rece bien, por tanto que sea digno de ser escuchado, y al fin de obtener
de ti la redención – Soliloquios 1,2
De Ateneo Pontificio "Augustiniamum"
|