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La
virtud más grande es el amor
"La fe y la
esperanza se ordenan solamente al hombre; el amor se ordena a Dios; la fe puede
mover montañas, el amor crea las montañas, el cielo y la tierra; la fe anima a
la criatura para que se esfuerce por alcanzar el paraíso; el amor ruega a Dios
que baje con su fuego a la tierra de tal manera que el hombre por el camino de
su amor alcance el cielo. La fe dice: sirve, oh hombre, a tu Dios como se debe;
el amor: hazte, oh Dios, hombre y sirve al hombre, que te debe mucho de cuanto
tiene. La fe dice: llama, oh hombre, a la puerta del cielo para que abran; el
amor dice: oh Dios, abate las puertas del cielo para que el hombre lo encuentre
abierto. La fe enseña al hombre a morir por el amor de Dios, el amor invita a
Dios a que muera por el hombre y al hombre a que muera por su Dios. La fe
muestra a Dios de lejos; el amor lleva al hombre a Dios, y el amor hizo a Dios
hombre y al hombre Dios.
La fe es
tan solo señora, porque reina sólo aquí donde no tenemos ciudadanía
permanente, mientras esperamos la futura; el amor es el emperador del cielo y de
la tierra. La fe es un campesino; el amor un caballero.La fe es emperatriz de muchas humildes
criaturas de aquí abajo; el amor es emperador de los ángeles.La fe domina sobre los siervos; la caridad sobre los hijos amados y los
santos. Considera bien este ejemplo: Si en el sol hubiese un universo como el
nuestro, ¿por quién sería alumbrado, calentado, vivificado y regido?
Ciertamente que no por sus rayos sino sólo por su esencia, porque el sol
contendría en ella todo aquel universo. Efectivamente, el sol ilumina a nuestro
mundo, lo calienta, le da vida y lo rige no por si mismo — ya que no puede
venir a nosotros — sino por medio de los rayos que nos envía. Y así la razón
por la cual el sol hace esto por medio de sus rayos es porque no puede
desplazarse hasta nosotros.Esto
y mucho más puedes pensar de Dios.
El Padre
engendra su rayo de luz como el sol, es decir, el Verbo eterno y esencial. El
Padre y el Verbo, como el sol y su rayo, producen un calor esencial: el Espíritu
Santo. De este modo este sol divino es poder, luz y fuego; Padre, Hijo y Espíritu
Santo; potencia, verdad y amor: un solo Dios y tres personas. Este sol divino
todo él es poderoso, todo él resplandeciente, todo él ardiente. No tres
potencias sino una, no tres luces sino una, ni tres fuegos sino uno.
De esto,
sin embargo, surge una leve duda. Se ha dicho que todos nosotros estamos en Dios
y que Dios es amor; puede parecer por consiguiente que todos estamos en el amor
y así también, todos estamos en la verdad y todos en la verdadera potencia.
Pero tal cosa es falsa porque son pocos los que viven en el amor, y por el
contrario muchos los que caminan en el error y en la mentira y muchos son débiles
y sometidos a flaquezas.
Empiezo
respondiendo con un ejemplo: Muchos peces están al sol, pero cubiertos por el
agua no se calientan; muchos ciegos están en la luz y no ven; muchos
recipientes contienen alimentos y no los comen. Date cuenta, por tanto, que no
es suficiente estar en un lugar para participar de los valores del lugar, si no
se tienen las debidas disposiciones. El enfermo come y no le aprovecha; el
muerto puesto en el fuego no percibe el calor. Si uno está al sol, pero se hace
empapar constantemente con agua muy fría, no sólo no se calentará sino que
estará tiritando continuamente.
Así pues,
aunque estemos situados en medio del fuego divino, — que no calienta el
cuerpo, sino que abrasa el alma —, no recibimos ningún beneficio de este
fuego, si no dejamos de arrojar sobre el alma la granizada de la carne, el hielo
del mundo, el viento de las tentaciones. Es necesario que apartemos nuestra alma
de todo ese frío y entonces nadie habrá que se libre del calor de Dios, como
dice el salmista. (Sal 18, 6)"
Del libro
Del amor de caridad del beato Juan Domínici, obispo (Capp. 3940: ed.A.
Ceruti, Bologna 1889, pp. 464-474).
Oración:
Padre, que
nos iluminas con el sol de tu Palabra, concédenos vivir de fe, esperanza y
amor, para que seamos digna imitación de tu Hijo, que pasó por en medio de
nosotros haciendo el bien. El vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo
por los siglos de los siglos. Amén.
Preparado por la Pontificia Universidad Urbaniana, con
la colaboración de los Institutos Misioneros
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