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Recogimiento
y celo apostólico
"Desde
los primeros meses que siguieron mi regreso a la piedad, el Señor me inclinó
al recogimiento, me formaba a él haciéndome sentir su presencia aun en medio
de mis ocupaciones, de tal manera que mi alma se unía más intimamente a El. Dios, queriendo que yo conservara
esta unión lo más posible, me dijo
estas palabras: “Mantente en mi presencia, yo te volveré a llamar si te
alejas.” He sido poco fiel en seguir la atracción al recogimiento y, aunque
obedecía a la voz de Dios para hacer los sacrificios que El me pedía, siempre me
he reprochado la débil aplicación para quedarme unida a El en lo más profundo
del corazón.
Al
mismo tiempo, no siendo fiel en guardar el recogimiento y en conservar la
presencia de Dios, pensé que sería buenísimo medio lo de obligarme con un
voto. Lo hice, prometiendo al Señor de guardar Su presencia lo más que pudiera.
Desde
entonces, durante veintitrés años, continué amando a Dios con un amor tierno
y siempre más fuerte, pero no estaba satisfecha de mi vida interior, y la pena
continua de sentirme infiel a
Dios, me hacía cometer con más facilidad varias faltas, así que aun amándole, no cesaba de desagradar al Señor.
Aconteció
que, en 1843, yendo por segunda vez a Túnez, para fundar otra obra en aquel
territorio, hice una traversía
larga y penosa; faltaba el pan y no tenía dónde sentarme. Durante aquel viaje,
Dios ha querido que yo pudiera facilmente unirme a El en lo más profundo del
corazón, y por ocho días, viví en una especie de retiro.
(Emilia
de Vialar, relación de su "vida interior", escrita por orden de su
confesor en 1842)
" El espíritu de esta
Congregaciòn es el de consagrar a las Hermanas en el ejercicio de las diferentes obras de caridad. Para adquirir esta divina virtud, ellas mediten cada
día de su vida sobre la caridad
inmensa de que está lleno el corazón de Jesucristo; y se esfuercen por imitar
su celo por la salvación de las almas y su gran misericordia hacia el prójimo.
Consideren con frecuencia las llagas adorables del Salvador, para que
reflexionando sin cesar sobre el amor de Dios para los hombres, mantengan y
aumenten cada día los sentimientos de compasión y de celo que deben animarles
para con sus semejantes ".
(Emilia de Vialar en " Espíritu y desarrollo de las
Reglas"de la Congregación, 1841)
" El Señor ha hecho arder en mi interior el mismo fuego que El
había encendido desde hacía largo tiempo y yo me regocijo de esta gracia, porque si
Dios no soplara en mí el espiritu de celo, mi corazón cesaría de estar animado;
y a partir de ese momento yo no podría hacer nada. Haga su divina bondad,
que hasta que yo viva, este fuego no se
apague…"
(Emilia de Vialar a monseñor
Balitrand, 1844)
Santa
Emilia de Vialar
Biografía
Santa
Emilia de Vialar, nació en 1797 a Gaillac (Francia). En el 1832 fundó en su
ciudad, una Congregación misionera: las hermanas de San José de la Aparición.
Este nombre evoca la aparición del Angel a San José, relatada en Mt 1, 20-24.
Las hermanas de esta Congregación se esfuerzan, como San José, de contribuir a
la realizaciòn del Plan salvador de Dios para la humanidad, testimoniando que
Dios ha amado tanto al mundo que le ha entregado a su propio Hijo.
Emilia de
Vialar murió en Marsella en 1856, y fué canonizada en 1951.
Plegaria
Oh Santa
Emilia, tú que en la Iglesia has querido continuar a manifestar el Amor del
Padre, revelado plenamente en la Encarnación del Hijo, ayúdanos a tener tu misma
docilidad al Espíritu, tu audacia y
tu celo apostólico
Preparado por la Pontificia Universidad Urbaniana, con la colaboración
de los Institutos Misioneros
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