 |
La esperanza de la vida
nueva en Cristo
"Ahuyenta, Señor, con la luz diurna de tu sabiduría, las
tinieblas nocturnas de nuestra mente, para que, iluminados por ti, te sirvamos
con espíritu renovado y puro. La salida del sol representa para los mortales el
comienzo de su trabajo; adereza, Señor, en nuestras almas una mansión en que
pueda continuar aquel día que no conoce el ocaso. Haz que sepamos contemplar en
nosotros mismos la vida de la resurrección, y que nada pueda apartar nuestras
mentes de tus deleites. Imprime en nosotros, Señor, por nuestra constante
adhesión a ti, el sello de aquel día que no depende del movimiento solar.
Cada día te estrechamos en nuestros brazos y te recibimos
en nuestro cuerpo por medio de tus sacramentos; haz que seamos dignos de
experimentar en nuestra persona la resurrección que esperamos. Por la gracia
del bautismo llevamos escondido en nuestro cuerpo el tesoro que tú nos has
dado; que este mismo tesoro vaya creciendo en la mesa de tus sacramentos; haz
que nos alegremos de tus dones. Tenemos en nosotros, Señor, el memorial tuyo,
recibido de tu mesa espiritual; haz que alcance su realidad plena en la renovación
futura.
Te pedimos que aquella belleza espiritual que tu voluntad
inmortal hace brotar en la misma mortalidad nos haga comprender nuestra propia
belleza. Tu crucifixión, oh Salvador nuestro, fue el término de tu vida
mortal; haz que nosotros crucifiquemos nuestra mente para obtener la vida
espiritual. Que tu resurrección, oh Jesús, haga crecer nuestro hombre
espiritual; que la visión de tus signos sacramentales nos ayude a conocerla.
Tus disposiciones divinas, oh Salvador nuestro, son figura del mundo espiritual;
haz que nos movamos en él como hombres espirituales.
No prives, Señor, a nuestra mente de tu manifestación
espiritual, y no apartes de nosotros el calor de tu suavidad. La mortalidad
latente en nuestro cuerpo derrama en nosotros la corrupción; que la aspersión
de tu amor espiritual borre de nuestros corazones los efectos de la mortalidad.
Concédenos, Señor, que caminemos con presteza hacia nuestra patria definitiva
y que, como Moisés desde la cumbre del monte, podamos ya desde ahora
contemplarla por la fe."
De
los Sermones de San Efrén, diácono (Sermo 3, De
fine et admonitione 2. 4-5: Opera, edición Lamy 3, 216-222)
Oración
Oh
Dios, que con el misterio pascual has restablecido en el hombre su dignidad
perdida y le has dado la nueva esperanza de la resurrección, haz que el
misterio celebrado en la fe se realice por siempre en el amor. Por Jesucristo
nuestro Señor.Amen.
"Preparado por el Departamento de Teología Espiritual
de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz"
|