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Vosostros sois la luz del mundo
“Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una
ciudad situada en lo alto del monte; ni se enciende una lámpara para meterla
bajo el celemín, sino para ponerla sobre el candelero, así alumbra a todos los
que están en la casa.El Señor dijo a sus discípulos
que eran la sal de la tierra, porque ellos, por medio de la sabiduría
celestial, condimentaron los corazones de los hombres que, por obra del demonio,
habían perdido su sabor. Ahora añade
también que son la luz del mundo, ya que, iluminados por Él mismo, que es la
luz verdadera y eterna, se convirtieron ellos también en luz que disipó las
tinieblas.
Puesto
que Él era el sol de justicia, con razón llama a sus discípulos luz del
mundo, ya que ellos fueron como los rayos a través de los cuales derramó sobre
el mundo la luz de su conocimiento; ellos, en efecto, ahuyentaron del corazón
de los hombres las tinieblas del error, dándoles a conocer la luz de la verdad.
También
nosotros, iluminados por ellos, nos hemos convertido de tinieblas en luz, tal
como dice el Apóstol: Un tiempo erais
tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz. Y
también: Todos sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de
las tinieblas. En este mismo sentido habla San Juan en su carta, cuando
dice: Dios es luz, y el que permanece en Dios está en la luz, como Él también
está en la luz. Por lo tanto, ya que tenemos la dicha de haber sido liberados
de las tinieblas del error, debemos caminar siempre en la luz, como hijos que
somos de la luz. Por esto dice el Apóstol: Aparecéís
como antorchas en el mundo, presentándole la palabra de vida.
Si
así no lo hacemos, es como si, con nuestra infidelidad, pusiéramos un velo que
tapa y oscurece esta luz tan útil y necesaria, en perjuicio nuestro y de los
demás. Por esto también incurrió en castigo aquel siervo que prefirió
esconder el talento, que había recibido para negociar un lucro celestial, antes
que ponerlo en el banco, como sabemos por el Evangelio. Así, pues, aquella lámpara
resplandeciente, encendida para nuestra salvación, debe brillar siempre en
nosotros. Poseemos, en efecto, la lámpara de los mandatos celestiales y de la
gracia espiritual, acerca de la cual afirma el salmista: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. De ella
dice también Salomón: El consejo
de la ley es lámpara.
Por consiguiente, nuestro
deber es no ocultar esta lámpara. de la ley y de la fe, sino ponerla siempre en
alto en la Iglesia, como en un candelero, para la salvación de todos, para que
así nos beneficiemos nosotros de la luz de su verdad y para que ilumine a todos
los creyentes.”
De los Tratados de San
Cromacio, obispo, sobre el evangelio de San Mateo (Tratado 5, 1.3-4; CCL 9,
405-407)
Oración
Dios
todopoderoso y eterno, concédenos vivir siempre en plenitud el misterio
pascual, para que, renacidos en el bautismo, demos fruto abundante de vida
cristiana y alcancemos, finalmente, las alegrías eternas. Por Jesucristo
nuestro Señor.Amén.
Preparado por el Departamento de Teología Espiritual
de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz
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