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Cristo presente en los cristianos
"Cristo vive. Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió
en la cruz, ha resucitado, ha triunfado de la muerte, del poder de las
tinieblas, del dolor y de la angustia. No temáis, con esta invocación
saludó un ángel a las mujeres que iban al sepulcro; no temáis. Vosotras
venís a buscar a Jesús Nazareno, que fue crucificado: ya resucitó, no está
aquí. Haec est dies quam fecit Dominus, exsultemus et laetemur in ea;
éste es el día que hizo el Señor, regocijémonos.
El tiempo pascual es tiempo de alegría, de una alegría que no se limita a esa
época del año litúrgico, sino que se asienta en todo momento en el corazón
del cristiano. Porque Cristo vive: Cristo no es una figura que pasó, que existió
en un tiempo y que se fue, dejándonos un recuerdo y un ejemplo maravillosos.
No: Cristo vive. Jesús es el Emmanuel: Dios con nosotros. Su Resurrección nos
revela que Dios no abandona a los suyos. ¿Puede la mujer olvidarse del fruto
de su vientre, no compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se
olvidare, yo no me olvidaré de ti, había prometido. Y ha cumplido su
promesa. Dios sigue teniendo sus delicias entre los hijos de los hombres.
Cristo vive en su Iglesia. "Os digo la verdad: os conviene que yo me vaya;
porque si yo no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros, pero si me voy, os
lo enviaré". Esos eran los designios de Dios: Jesús, muriendo en la Cruz, nos daba el Espíritu
de Verdad y de Vida. Cristo permanece en su Iglesia: en sus sacramentos, en su
liturgia, en su predicación, en toda su actividad.
De modo especial Cristo sigue presente entre nosotros, en esa entrega diaria de
la Sagrada Eucaristía. Por eso la Misa es centro y raíz de la vida cristiana.
En toda misa está siempre el Cristo Total, Cabeza y Cuerpo. Per Ipsum, et
cum Ipso et in Ipso. Porque Cristo es el Camino, el Mediador: en El, lo
encontramos todo; fuera de El, nuestra vida queda vacía. En Jesucristo, e
instruidos por El, nos atrevemos a decir -audemus dicere- Pater noster,
Padre nuestro. Nos atrevemos a llamar Padre al Señor de los cielos y de la
tierra. La presencia de Jesús vivo en la Hostia Santa es la garantía, la raíz
y la consumación de su presencia en el mundo.
Cristo vive en el cristiano. La fe nos dice que el hombre, en estado de gracia, está endiosado.Somos hombres y mujeres, no ángeles.Seres de carne y hueso, con corazón y con pasiones, con tristezas y con alegrías.
Pero la divinización redunda en todo el hombre como un anticipo de la
resurrección gloriosa. Cristo ha resucitado de entre los muertos y ha venido
a ser como las primicias de los difuntos: porque así como por un hombre vino la
muerte, por un hombre debe venir la resurrección de los muertos. Que así como
en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.
La vida de Cristo es vida nuestra, según lo que prometiera a sus Apóstoles, el
día de la Ultima Cena: Cualquiera que me ama, observará mis mandamientos, y
mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él. El
cristiano debe -por tanto- vivir según la vida de Cristo, haciendo suyos los
sentimientos de Cristo, de manera que pueda exclamar con San Pablo, non vivo
ego, vivit vero in me Christus, no soy yo el que vive, sino que Cristo vive
en mí."
(Beato Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, nn. 102-103)
Breve semblanza
El Beato Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, abrió nuevos caminos de
santidad en la Iglesia Católica, recordando que todos los hombres y mujeres
pueden alcanzar la santidad realizando su trabajo y sus actividades diarias con
un espíritu cristiano. Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro
(Huesca, España) el 9 de enero de 1902. Recibe la ordenación sacerdotal el 28
de marzo de 1925 y comienza a ejercer el ministerio en una parroquia rural y
luego en Zaragoza. En 1927 se traslada a Madrid para obtener el doctorado en
Derecho. Allí, el 2 de octubre de 1928, durante unos ejercicios espirituales,
ve qué es lo que Dios le pide, y funda el Opus Dei. Desde entonces comienza a
trabajar en la fundación, a la vez que sigue ejerciendo el ministerio
sacerdotal, especialmente entre pobres y enfermos. En 1946 fija su residencia en
Roma. Obtiene el doctorado en Teología por la Universidad Lateranense. El Beato
Josemaría falleció en Roma el 26 de junio de 1975. Cuando rindió su alma a
Dios, el Opus Dei estaba ya extendido en los cinco continentes y contaba con más
de 60.000 miembros de 80 nacionalidades. Miles de personas, incluyendo un tercio
del Episcopado mundial, solicitaron a la Santa Sede que abriera su proceso de
Beatificación y Canonización. Después de un examen exhaustivo de la vida y
obra de Monseñor Escrivá -un proceso de casi 10 años- el Papa le beatificó
el 17 de mayo de 1992 en la plaza de San Pedro.
Oración
Señor y Dios nuestro, que elegiste al Beato Josemaría, presbítero, para
anunciar en la Iglesia la vocación universal a la santidad y al apostolado:
concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que, realizando fielmente el
trabajo cotidiano según el Espíritu de Cristo, seamos configurados a tu Hijo
y, en unión con la Santísima Virgen María, sirvamos con ardiente amor a la
obra de la Redención. Por Jesucristo nuestro Señor.Amén.
Preparado por el Departamento de Teología Espiritual
de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz
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