 |
El Pastor de Hermas
Mandamiento segundo La sencillez
27, 1. "Me dice: «Sé sencillo e inocente, y serás como los niños, que no
conocen la maldad que destruye la vida de los hombres. 2. Ante todo, no murmures
de nadie ni escuches al que murmura.De lo contrario, tú,
al escucharle, serás reo del pecado del murmurador si te crees la murmuración
que oyes. Pues, al creerla, tú mismo to enfrentas a tu hermano. De esta manera
serás reo del pecado del murmurador. 3. La murmuración es perversa; es un
demonio inquieto que nunca vive en paz, sino que habita siempre entre
discordias. Por tanto, apártate de ella y vivirás siempre en paz con todos. 4.
Revístete de santidad, en la que no hay ningún obstáculo malo, sino que todo
es llano y alegre. Obra el bien, y del fruto de los trabajos que Dios to ofrece,
da con sencillez a todos los necesitados, sin dudar a quién darás o a quién
no. Da a todos.Pues Dios
quiere que se dé a todos de sus propios dones. 5. Por tanto, los que reciban
darán cuenta a Dios de por qué y para qué recibieron. Pues los que recibieron
porque estaban en apuros no serán juzgados, pero los que recibieron con engaño
serán castigados.6. Así pues, el que da es inocente
pues, tal como había aprendido del Señor a realizar ese servicio, lo realizó
con sencillez, sin analizar a quién daba o a quién no. Así pues, ese servicio
realizado con sencillez fue glorioso en la presencia de Dios. Por tanto, el que
sirve con sencillez vivirá para Dios. 7. Así pues, guarda este mandamiento tal
como te lo he expuesto, para que tu penitencia y la de tu casa sea hallada en
sencillez, y tu corazón, puro y sin mancha»."
Mandamiento tercero La veracidad
28, 1. "Me dice de nuevo: «Ama la verdad, y que de tu boca salga toda
verdad para que el espíritu, que Dios hizo habitar en esa carne, sea hallado
verdadero delante de todos los hombres, y de esa forma sea glorificado el Señor
que habita en ti.Porque el Señor es
verdadero en todas sus palabras, y en Él no hay engaño ninguno. 2. Así pues,
los mentirosos reniegan del Señor y defraudan al Señor pues no le devuelven el
depósito que recibieron. Pues de Él recibieron un espíritu que no engaña.Si le devuelven uno embustero, violaron el mandamiento del Señor y se
hicieron estafadores». 3. Cuando escuché esto, rompí a llorar con fuerza. Al
ver que lloraba, me dice: «¿Por qué lloras?». Contesto: «Señor, porque no
sé si podré salvarme». Dice: «¿Por qué?». Respondo: «Señor, porque en
mi vida todavía no he dicho una palabra verdadera, sino que siempre conviví
con todos de una manera astuta y a todos les presenté mi mentira como verdad. Y
nadie me contradijo jamás, sino que se dio fe a mi palabra. Así pues, señor,
¿cómo podré vivir después de haberme comportado así?».4. Dice: «Piensas bien y con verdad. Convenía que, como siervo de Dios,
hubieses caminado en la verdad, y que una conciencia mala no habitase con el espíritu
de la verdad, y que no hubieses llevado la tristeza al espíritu santo y
verdadero».Digo: «Señor, nunca escuché palabras tan
acertadas».5. Me dice: «Así pues, ahora las escuchas. Guárdalas
para que las mentiras, que dijiste antes en tus negocios, sean dignas de fe al
ver que estas palabras de ahora son verdaderas.Si las guardas y desde este momento hablas toda verdad, podrás
procurarte la vida. También el que escuche este mandamiento y se aparte de la
perversísima mentira, vivirá para Dios."
El Pastor de Hermas, Mand.II, 27 – Mand. III, 28.
Preparado por la Facultad Teológica pontificia «Marianum» Roma
|