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La humildad
XIII. 1. "Así pues, hermanos, tengamos sentimientos humildes, desprendiéndonos
de toda jactancia, vanidad, insensatez e ira y hagamos lo que fue escrito (pues
el Espíritu Santo dice: No se gloríe el sabio en su sabiduría, ni el
fuerte en su fuerza, ni el rico en su riqueza, sino que el que se gloríe hágalo
en el Señor al buscarle a Él y obrar la ley y la justicia [Cf. Jer 9,
22-23; 1 S 2, 10; 1 Co 1,31; 2 Co 10,17]) recordando sobre todo las palabras del
Señor Jesús que habló para enseñar la benignidad y la paciencia. 2. Pues
dijo así: Apiadaos para que vosotros halléis piedad; perdonad para que os
perdonen.Como vosotros obréis, así se obrará con vosotros. Como deis, se os dará.
Como juzguéis, así seréis juzgados. Con la bondad con que obréis, se obrará
con vosotros. Con la medida que midáis se os medirá (Cf. Mt 5, 7; 6, 14-15; 7, 1-2; Lc 6, 31.36-38). 3. Con este mandamiento y estos preceptos fortalezcámonos para
caminar en obediencia a sus santas palabras, con sentimientos de humildad. Pues
la palabra santa dijo: ¿Sobre quién volveré la mirada sino sobre el manso,
el pacífico y el que teme a mis palabras? (Is 66,2)"
La caridad
XLIX. 1. "El que tenga amor en Cristo, cumpla los mandamientos de Cristo. 2. ¿Quién
puede explicar el vínculo del amor de Dios? 3. ¿Quién puede dar a conocer suficientemente lo magnífico de su
hermosura? 4. La altura, a la que nos conduce el amor, es indescriptible. 5. El amor nos
une a Dios; el amor cubre la muchedumbre de los pecados (1 P 4, 8); el
amor todo lo soporta; tiene paciencia con todo. En el amor nada es vulgar, nada
soberbio. El amor no ocasiona cisma, el amor no se subleva, el amor todo lo hace en armonía.
En el amor alcanzaron la perfección todos los elegidos de Dios; sin amor nada
es agradable a Dios. 6. En el amor nos acogió el Señor. Por el amor que nos
tuvo, nuestro Señor Jesucristo dio su sangre en favor nuestro por voluntad de
Dios, y su carne en favor de nuestra carne, y su alma en favor de nuestras
almas.
L. 1. Amados, ved qué grande y admirable es el amor, y no hay explicación de
su perfección. 2. ¿Quién es capaz de ser encontrado en él, sino aquéllos a
los que Dios juzgue dignos? Por tanto, supliquemos e imploremos de su
misericordia para que seamos encontrados inmaculados en el amor sin parcialidad
humana. 3. Todas las generaciones desde Adán hasta el día de hoy pasaron, pero
los que fueron perfectos en el amor poseen, por la gracia de Dios, el lugar de
los piadosos, los cuales se manifestarán en la visita del Reino de Cristo. 4.
Pues está escrito: Entrad un poco en los graneros hasta que haya pasado mi
ira y cólera, y recordaré el día bueno y os resucitaré de vuestros sepulcros
(Cf. Is 26, 20 ; Ez 37, 12). 5. Amados, somos bienaventurados si
obramos los mandatos del Señor en la concordia del amor para que, por el amor,
nos sean perdonados los pecados. 6. Pues está escrito: Bienaventurados aquéllos
cuyas indignidades fueron perdonadas y cuyos pecados fueron cubiertos.
Bienaventurado el hombre al que el Señor no tuvo en cuenta el pecado y en cuya
boca no hay engaño (Sal 31, 1-2; Rm 4, 7-8). 7. Esta bendición sobrevino sobre los elegidos de
Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén."
Clemente de Roma, Carta a los Corintos, XIII, 1; XLIX, 1 – L, 1.
Preparado por la Facultad Teológica pontificia «Marianum» Roma
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