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La mutua y continua caridad 

"Jesucristo es nuestra paz, aquel que ha hecho de dos un solo pueblo. (...)

Y El mismo antes de subir al cielo dice a los discípulos: “Os dejo la paz, os doy mi paz”.

¿Qué es esta paz que Cristo nos da y en cuyo vínculo se conserva la unidad del espíritu?

Es la caridad recíproca con la que tratamos de amarnos los unos a los otros. (…) A ella se refiere el beato Pedro cuando asevera: “Ante todo conservad la mutua y continua caridad

¿Qué significa mutua caridad, si no que “lo que es mio es tuyo”?

Así digo si hablo de mis bienes con una persona a la que amo.

Si en cambio yo te amo pero tu no me amas, o si tu me amas pero yo no te amo, no se puede hablar de mutua caridad, porque ésta no puede ser solo tuya o mía: la caridad recíproca es en común, no se la puede privar de la comunión del amor.

Y además de ser mutua deve ser tambien continua, de otro modo no existirán ni vínculo de paz ni legamen de amor. La caridad que se funda en la verdad es continua: los rencores y las sospechas no la interrumpen, es más, constantemente se cultiva y se nutre de una aceptación mutua y de una recíproca sumisión, se custodia con delicadeza y prudencia para que no disminuya, ningún fingimiento la ensombrece. (...)

Por esto, que nadie se lisonjee a sí mismo del amor de Dios, que nadie se engañe pensando que lo ama: si no ama al prójimo no ama a Dios. (...)

¿De qué otro modo podría beneficiar a Dios si no beneficiando a aquel en quien El necesita algo?

Porque en sí mismo Dios no necesita nada: es en sus miembros donde él pide y recibe, donde es amado y despreciado.

Por tanto, es amando al prójimo a través de un legamen de amor y un vínculo de paz, como se aposentan en nosotros el amor de Dios y la unidad del espíritu. 

Quien no ama al hermano se separa de la unidad del espíritu, no ama a Dios y no vive del Espíritu de Dios, si no de su propio espíritu: vive de sí mismo, no de Dios."

De “De vita coenobitica, seu communi”, de Baldovino di Ford (1120-1190), (nn. VIII-IX, traducción de E.A.  Mella, Magnano 1987, p. 46-51). 

 

Oración

Danos el don, oh Padre, de sentir en medio nuestro,
la presencia de Cristo tu Hijo,
prometida a cuantos se reunen en su nombre,
y haz che, en espíritu de verdad y de amor, 
experimentemos en nosotros abundancia de luz, paz y misericordia.
(Colecta de la liturgia “Para una reunión espiritual o pastoral”
–pag. 803)


Preparado por el  "Movimento de los Focolares"

                            

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