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Amar a Cristo es amar a la
Iglesia
"¿Cómo es posible separar nuestro amor por Jesucristo del que debemos a su
Iglesia?
Jesucristo había asociado místicamente en sí a los hijos de los hombres para
formar con ellos una única cosa, aun dejando subsistir la personalidad propia
de todos aquellos que se unirían a él. Y como en Jesucristo hay una sola
persona, así todos los cristianos tienen que formar con El un solo cuerpo. El será la cabeza y ellos los miembros.
La Iglesia es el precio de la sangre de Jesucristo y el objeto de su amor
infinito por los hombres. La ha amado más que a su propia vida y, a través de él, es querida por Dios
Padre que desde toda la eternidad la había amado hasta dar por ella a su único
Hijo:
“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único” (Io
3,16).
También el Espíritu Santo, prometido por el Divino Salvador, ha venido para
unirse a ella y no separarse nunca más, para ser como su alma, para inspirarla,
iluminarla, dirigirla, sostenerla y cumplir en ella las grandes obras de Dios
(cfr. Act 2,11).
Todos aquellos que son miembros de la Iglesia viven en la casa espiritual de
Dios o, mejor, son ellos mismos la casa, un immenso templo en el que todo el
universo debe entrar y cuyas piedras están todas vivas. (...) Dios mismo ha
construido esta casa con cemento divino.
Ahora, queridos hermanos, os preguntamos: no amar con amor filial a la Esposa de
Jesucristo que El nos ha dado como Madre, no amar a la familia del Hombre-Dios,
su casa viviente, su templo santo, su ciudad terrena, imagen de la ciudad
eterna, su reino, su rebaño, la sociedad que ha fundado, en una palabra la obra
que ha sido el objeto de toda su actividad y que es el objeto de todas sus
complacencias aquí abajo ¿No es cómo no querer amarle?
¿No es un desconocimiento de los planes de su misericordia, de los derechos de
su amor y aquellos de su potencia?
¿No es un desconocimiento de él mismo como Salvador, como Redentor de los
hombres, como vencedor del infierno y de la muerte, y como el soberano Señor al
cual han sido dadas en herencia todas las naciones de la tierra? (cfr. Sal. 2, 8)."
De la “Lettera pastorale” de sant’Eugenio de Mazenod para la
cuaresma del 1860.
Oración
Oh Dios, que en tu misericordia, has querido enriquecer al santo Obispo Eugenio
de Mazenod de grandes virtudes apostólicas para anunciar el Evangelio a las
gentes, concédenos, por intercesión suya, que ardamos del mismo espíritu y
que tendamos únicamente al servicio de la Iglesia y a la salvación de las
almas. (Colecta de la fiesta de san Eugenio de Mazenod)
Preparado por el "Movimento de los
Focolares"
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