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La Visitación
"Por aquellos días, levantàndose María, se dirigió presurosa a la montaña,
a una ciudad de Judá, y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
19. Es normal que todos los que quieren ser creídos corroboren las razones que
les den crédito.También el ángel que anunciaba los misterios, para inducir a creer por un
hecho, ha anunciado a María, una virgen, la maternidad de una esposa anciana y
estéril, mostrando de este modo que Dios puede hacer todo cuanto le agrada.
Desde que oyó esto María, no como incrédula del oráculo, ni como insegura
del anuncio, ni como dudosa del hecho, sino alegre en su deseo, para cumplir un
piadoso deber, presurosa por el gozo, se dirigió hacia la montaña. Llena de
Dios, ¿podia ella no elevarse presurosa hacia las alturas? Los cálculos lentos son extraños a la gracia del Espíritu Santo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿Y
de dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a visitarme?
24. El Espíritu Santo conocía su palabra y no la olvida jamás, y la profecía
se realiza no sólo en los hechos milagrosos, sino en todo el rigor y propiedad
de los términos. ¿Cuál es este fruto del vientre, sino Aquel del que se ha dicho : He aquí
que el Señor da por herencia los hijos, recompensa del fruto del seno? (Ps
126, 3). Es decir, la herencia del Señor son los hijos, precio de este fruto
que nació del seno de María. El es el fruto del vientre, la flor de la raíz,
de la cual profetizó Isaías al decir : Saldrá una vara de la raíz de Jesé,
y la flor brotará de la raíz; la raíz es la raza judía; el tallo, María;
la flor de María, Cristo, que, como el fruto del buen árbol, según nuestros
progresos en la virtud, ahora florece, ahora fructifica en nosotros, ahora
renace por la resurrección del cuerpo.
¿Y de dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mí?
25. No habla como una ignorante -sabía ella que existía la gracia y la operación
del Espíritu Santo, para que la madre del profeta fuese saludada por la madre
del Señor para provecho de su hijo-, sino que ella reconocía que es esto el
resultado, no de un mérito humano, sino de la gracia divina. Dice así : ¿De
dónde a mí?, es decir, ¿qué felicidad me llega que la Madre de mi Señor
viene a mí? Yo reconozco que no tengo nada que esto exija. ¿De dónde a mí ?¿Por qué justicia, por qué acciones, por qué
méritos? No son diligencias acostumbradas entre mujeres que la Madre de mi Señor venga
a mí. Yo presiento el milagro, reconozco el misterio: la Madre del Señor
está fecundada del Verbo, llena de Dios.
Porque he aquí que, como sonó la voz de tu salutación en mis oídos, dio
saltos de alborozo el niño en mi seno. Y dichosa tú que has creído.
26. Observas que María no dudó, sino que creyó, y por eso ha conseguido el
fruto de la fe. Bienaventurada tú, dice, que has creído. ¡Mas
también sois bienaventurados vosotros que habéis oído y creído!, pues toda
alma que cree, concibe y engendra la palabra de Dios y reconoce sus obras. Que en todos resida el alma de
María para glorificar al Señor ; que en todos resida el espíritu de María
para exultar en Dios. Si corporalmente no hay más que una Madre de Cristo, por
la fe Cristo es fruto de todos."
San Ambrosio, Tratado sobre el Evangelio de San Lucas, II, 19. 24-26.
Oración:
Santa Maria, Vergine delle vergini, madre e figlia del Re di tutti i re, donaci
il tuo conforto, perché meritiamo il premio della vita celeste.
Santa Maria, misericordiosissima fra le creature misericordiose, santissima fra
le sante, intercedi per noi. Per mezzo tuo, o Vergine, accolga le nostre
suppliche Colui che, nato da te per noi, regna ora nei cieli: il suo
misericordioso amore cancelli i nostri peccati.
Santa Madre di Dio, che fosti degna di portare nel grembo colui che l'universo
non può contenere, cancella con la tua benigna intercessione le nostre colpe,
perché, assolti per mezzo tuo, possiamo salire alla dimora della gloria
perenne, dove col Figlio regni senza fine.
Preparado por la Facultad Teológica Pontificia «Marianum» Roma
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