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SAN AGUSTÍN, Sermón 215, 4.
4. "Creamos, pues, en Jesucristo, nuestro Señor, nacido del Espíritu
Santo y de la virgen María. Pues también la misma bienaventurada
María concibió creyendo a quien alumbró creyendo.
Después de habérsele prometido el hijo, preguntó cómo podia suceder eso,
puesto que no conocía varón. En efecto, sólo conocía un modo de concebir y
dar a luz; aunque personalmente no lo había experimentado, había aprendido de
otras mujeres -la naturaleza es repetitiva- que el hombre nace del varón y de
la mujer. El ángel le dio por respuesta: El Espíritu Santo vendrà sobre ti
y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, lo que nazca de ti
será santo y será llamado Hijo de Dios. Tras estas palabras del ángel,
ella, llena de fe y habiendo concebido a Cristo antes en su mente que en su seno,
dijo: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Cúmplase,
dijo, el que una virgen conciba sin semen de varón; nazca del Espíritu Santo
y de una mujer virgen aquel en quien renacerá del Espíritu Santo la Iglesia,
virgen también. Llámese Hijo de Dios a aquel santo que ha de nacer de madre
humana, pero sin padre humano, puesto que fue conveniente que se hiciese hijo
del hombre el que de forma admirable nació de Dios Padre sin madre alguna; de
esta forma, nacido en aquella carne, cuando era pequeño, salió de un seno
cerrado, y en la misma carne, cuando era grande, ya resucitado, entró por
puertas cerradas. Estas cosas son maravillosas, porque son divinas; son
inefables, porque son también inescrutables; la boca del hombre no es
suficiente para explicarlas, porque tampoco lo es el corazón para investigarlas.Creyó María, y se cumplió en ella lo que creyó.Creamos también nosotros para que pueda sernos también provechoso lo que se
cumplió. Aunque también este nacimiento sea maravilloso, piensa, sin embargo,
¡oh hombre!, qué tomó por ti tu Dios, qué el creador por la creatura: Dios
que permanece en Dios, el eterno que vive con el eterno, el Hijo igual al Padre,
no desdeñó revestirse de la forma de siervo en beneficio de los siervos, reos
y pecadores. Y esto no se debe a méritos humanos, pues más bien merecíamos el
castigo por nuestros pecados; pero, si hubiese puesto sus ojos en nuestras
maldades, ¿quién los hubiese resistido?Así, pues, por los siervos impíos y pecadores, el Señor se dignó nacer, como
siervo y hombre, del Espíritu Santo y de la virgen María."
Oración
Ave Maria e Sub tuum - Madre di Dio Vergine, salve, piena di grazia, il Signore è
con te (Lc 1, 28); benedetta tu fra le donne e benedetto il frutto del
tuo grembo (Lc 1, 42), perché tu hai generato il Salvatore delle nostre
anime.
Sotto la tua misericordia ci rifugiamo, o Madre di Dio: non disprezzare le
nostre suppliche nelle tentazioni, ma liberaci dai pericoli, o sola pura, sola
benedetta.
Preparado por la Facultad Teológica Pontificia «Marianum»
Roma
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