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Entonces Jesús fue llevado por el
Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo (Mt
4,1)
"El
evangelio de este día, al indicarnos que Jesucristo se retiró al desierto, no
dice que fuera para huir la compañía de los hombres ni para orar; sino a fin
de ser tentado. Y eso, para darnos a entender que el primer paso de quien
pretende consagrarse a Dios ha de ser dejar el mundo, con el fin de disponerse a
luchar contra el mundo mismo y contra los demás enemigos de nuestra salvación.
En el retiro, dice san Ambrosio, es donde precisamente ha de contar uno con ser
tentado y expuesto a muchas pruebas. Lo mismo os advierte el Sabio al afirmar
que cuantos se alistan en el servicio de Dios deben prepararse para la
tentación. Ésta les resulta, efectivamente, muy provechosa; pues se
convierte en uno de los mejores medios que puedan emplear para verse enteramente
libres, tanto del pecado como de la inclinación a pecar. ¿Habéis creído
siempre que, para daros de todo punto a Dios, debéis disponeros a ser tentados?
¿No os causa sorpresa el que a veces os acose la tentación? En lo sucesivo,
vivid siempre preparados para ella; de modo que podáis sacar todo el fruto que
con la tentación intenta Dios producir en vosotros.
Lo que debe alentar al alma puesta sinceramente en las manos de Dios, a estar
siempre apercibida para las tentaciones, es que la vida del hombre, según Job,
es tentación o, como dice la Vulgata, combate perpetuo. De donde puede el alma
colegir que, si es voluntad de Dios que se vea tentada mientras permanece en la
tierra, es porque ha de luchar de continuo contra el demonio y contra las
propias pasiones e inclinaciones, los cuales no cesarán de hacerle guerra en
tanto viva en el mundo. Por eso afirma san Jerónimo que le es imposible a
nuestra alma dejar de ser tentada mientras viva y que, si el mismo Jesucristo
nuestro Salvador fue tentado, nadie puede ilusionarse con atravesar el mar
tormentoso de la vida sin verse combatido por la tentación. [...] Convenceos de
que sería desgracia no pequeña carecer de tentaciones, por ser ello indicio de
no vencerse en cosa alguna, y de sucumbir fácilmente en la lucha con las
propias pasiones."
(J.B. de La Salle, "Primer Domingo de Cuaresma", ns. 1-2, en Meditaciones.
Oración
“Dio mio, che hai detto che non solo di pane vive l’uomo, ma da ogni parola
che esce dalla tua bocca, fa sicché io possa vincere le tentazioni, e che la
tua volontà sia il mio pane e la mia ragione di essere”.
Preparado por la Universidad Pontificia Lateranense
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