 |
Dónde comienza y dónde termina el
conocimiento de Dios "Dios
siempre ha sido, siempre es y siempre será o más exactamente, siempre es.
Porque «fue» y «será» significan fragmentos de tiempo, propios sólo de
nuestra naturaleza fluyente, en tanto que Dios siempre es y, precisamente, El
mismo se otorga este nombre cuando contesta a Moisés en el monte (Cf Ex.
3, 14). Pues todo cuanto existe lo abarca El, que no tuvo
principio ni tendrá final, como un mar ilimitado e infinito que excede todo
pensamiento sobre el tiempo y la naturaleza, por grande que sea. En nuestro
entendimiento nos representamos a Dios, bastante oscura y limitadamente, no
concibiendo los atributos que le son propios, sino valiéndonos de los seres que
hacen referencia a El. Mas si la imagen de algo se alcanza a partir de otra
cosa, se llega solamente a una figura de la verdades que escapa antes de poder
retenerla, huye antes de que la comprendamos. Tal figura de Dios ilumina lo
mejor de nosotros mismos —con tal de que lo hayamos purificado—, al modo
como un fugaz relámpago da luz a los ojos. Sucede esto, según
mi parecer para que, por una parte, por aquello por lo cual El puede ser
comprendido por nosotros, nos atraiga a Si, pues nadie espera ni pretende
conseguir lo que no le es dado conocer en modo alguno. Por otra, por cuanto nos
es inasequible, se constituye en objeto de nuestra admiración, para que siendo
admirado, sea deseado; deseándolo, nos purifique y purificados, nos haga
divinos a fin de tener relación con quienes han sido hechos semejantes a El."
San Gregorio Nacianceno, Homilía 38, 7
|