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Las definiciones que se dan de Dios son
inadecuadas
"Dice Juan el apóstol,
refiriéndose al invisible e inexpresable seno de Dios: «A Dios nadie le vio
jamás, pero el Dios unigénito, el que está en el seno del Padre, éste lo
explicó» (Jn 1, 18ss).
Por eso algunos lo llamaron abismo, pues aunque abarca y contiene
en su seno todas las cosas, es ininvestigable e interminable. Que Dios es
sumamente difícil de aprehender se muestra en el discurso siguiente: Si la
causa primera de cualquier cosa es difícil de descubrir, la causa absoluta y
suprema y más originaria, siendo la causa de la generación y de la continuada
existencia de todas las demás cosas, será muy difícil de describir. Porque ¿cómo
podrá ser expresable lo que no es ni género, ni diferencia, ni especie, ni
individuo, ni número, así como tampoco accidente o sujeto de accidentes? No se
le puede llamar adecuadamente «el Todo», porque el todo se aplica a lo
extenso, y él es más bien el Padre del todo. Ni se puede decir que tenga
partes, porque lo Uno es indivisible, y por ello es también infinito, no en el
sentido de que sea ininvestigable al pensamiento, sino en el de que no tiene
extensión o limites. Como consecuencia, no tiene forma ni nombre. Y aunque a
veces le demos nombres, éstos no se aplican en sentido estricto: cuando le
llamemos Uno, Bien, Inteligencia, Ser en sí, Padre, Dios, Creador, Señor, no
le damos propiamente un nombre, sino que, no pudiendo otra cosa, hemos de usar
estas apelaciones honoríficas a fin de que nuestra mente pueda fijarse en algo
que no ande errante en cualquier cosa. Cada
una de estas denominaciones no es capaz de designar a Dios, aunque tomadas todas
ellas en su conjunto muestran la potencia del Omnipotente. Las descripciones de
una cosa se dicen con referencia a las cualidades de la misma, o a las
relaciones de ésta con otras: pero nada de esto puede aplicarse a Dios. Dios no
puede ser aprehendido por ciencia demostrativa, porque ésta se basa en verdades
previas y ya conocidas, pero nada es previo al que es inengendrado. Sólo resta
que el Desconocido llegue a conocerse por gracia divina y por la Palabra que de
él procede. Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, recuerda que Pablo habló
de este modo: «Atenienses, veo que vosotros sois, por
todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al
pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar
en el que estaba grabada esta inscripción: "Al Dios desconocido".
Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar» (Hch 17,
22-23)." Clemente
de Alejandría, Stromata, 5, 81,2-82,4
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