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El papa Juan VIII
(872-882) mandó levantar una cinta de fortificación
en torno a la Basílica y a su Abadía para
protegerlas de posibles ataques: este conjunto fue
denominado “Joannispolis”.
El papa Gregorio
Magno (1073-1085), que fue abad del monasterio antes
de ser elegido Papa, mandó alzar el enlosado del
crucero enlazándolo con la nave central, erigió un
campanario (destruido en el siglo XIX), y bajo su
papado se colocó en la entrada principal de la
basílica una espléndida puerta bizantina[1]
formada por 54 paneles con ataujías de plata.
1)
La puerta bizantina fue encargada en
Constantinopla en 1070 por el cónsul de Amalfi,
Panteleone (para la remisión de sus pecados, ya que
este mercader se había enriquecido con el comercio
de esclavos musulmanes y cristianos, tráfico
prohibido por la Iglesia). El artista Teodoro
representa un ciclo cristológico, un ciclo
apostólico (el martirio de los apóstoles) y un ciclo
profético. En nuestros días la puerta adorna la
parte interior de la Puerta Santa.
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