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 Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes

XXI Congreso Mundial del Apostolatus Maris

Discurso de Apertura

Arzobispo Stephen Fumio HAMAO

Presidente del Pontificio Consejo

1. Saludos

Hace escasos minutos, estábamos reunidos en la bella iglesia de la Candelaria y pedíamos al Señor el don de que busquemos siempre cumplir su voluntad. Hemos llegado a Rio con el renovado compromiso de servir, lo mejor que podamos, al mundo marítimo. Ahora, estamos aquí, en este confortable Centro de Conferencias del Guanabara Palace Hotel, para hacer lo que hemos venido a hacer: orar, reflexionar, compartir y programar el futuro en torno al tema de nuestro Congreso: “El Apostolado del Mar en un nuevo mundo globalizado”

Nos encontramos en Rio de Janeiro. Es la primera vez que un Congreso del Apostolado del Mar se celebra en Latinoamérica y éste es, además, conviene subrayarlo, el lugar donde se celebró la Cumbre de la Tierra en 1992.

Antes de pasar adelante, déjenme presentarles el primero de mis colaboradores, S.E. Mons. Agostino Marchetto, Secretario del Pontificio Consejo. Él ha aceptado muy amablemente presidir los trabajos del Congreso y, a su debido tiempo, compartir con todos nosotros sus observaciones finales.

Os doy a todos mi más cordial bienvenida. Saludo, en primer lugar, a los Arzobispos y Obispos Promotores de los 15 países aquí representados. Saludo a los observadores y a cuantos han aceptado intervenir en el Congreso con sus ponencias o en el trabajo de grupos. Dirijo un saludo muy particular al Rev. Sakari Lahmuskallio y a sus compañeros en la dirección de ICMA, que representa aquí a 28 Agencias Cristianas Marítimas al servicio de los marinos y de sus familias, codo con codo con el Apostolado del Mar.

Mi saludo de bienvenida a todos los capellanes y agentes pastorales del Apostolado del Mar, a los laicos delegados de casi 60 países: pescadores, marineros, esposas de marinos, voluntarios de los centros, personal marítimo. Creo que algunos de Ustedes han asistido ya a cuatro o cinco Congresos del AM. Para muchos otros ésta será la primera vez. Por eso quiero mencionar a los países que por primera vez están representados en un Congreso Mundial del AS: Cuba, Ecuador, Nigeria, Perú, Samoa, Ucrania y Venezuela.

Deseo dedicar un recuerdo a algunos de nuestros amigos conocidos por muchos de Ustedes y que el Señor llamó al puerto de la gloria: P. Ray Maher, P. François Le Gall, P. Michel Maes, Mons. Costantino Stefanetti, Mons. Frans Lambrecht, H. Yves Aubron y Sr. Graham Chambers. Tal vez Ustedes estén pensando también en otros. Tengámosles presentes en nuestras oraciones y en nuestro pensamiento durante este Congreso.

2. La preparación del Congreso

Durante los dos últimos años se hicieron grandes esfuerzos por preparar este Congreso. Quiero mencionar el trabajo de los coordinadores regionales del AM y el de nuestro equipo en Roma; la labor de las conferencias nacionales y regionales que se han tenido en todo el mundo en vistas a este Congreso, y la labor entusiasta del Comité Organizador Local, aquí en Rio. Estoy profundamente agradecido a todos. No hemos podido disponer de muchos recursos económicos, pero deseo expresar nuestro profundo agradecimiento a los bienhechores particulares y a las Agencias que han hecho posible el Congreso. En particular, quiero mencionar la Seafarers Trust de la ITF, a CAFOD, CCFD, MISEREOR y a los Dicasterios de la Santa Sede que han colaborado a este fin.

3. El tema

El tema que escogimos nos ayudará a tratar los puntos más urgentes con que nos topamos cada día en los puertos. Desde una perspectiva universal, la globalización es el marco en el que el AM debe ofrecer hoy su apoyo fraterno a todos los marinos y a sus familias, de cualquier cultura y religión, y proporcionar a miles y miles de católicos de casi todas las regiones del planeta, el serivicio pastoral específico al que tienen derecho. Las cuestiones a las que deberemos responder durante este Congreso son éstas: ¿Está preparado el AM para abordar los problemas, especialmente los pastorales, con los que se encuentra la gente de mar en este nuevo contexto? ¿Cuenta con los medios adecuados para hacerlo con seguridad, competencia y profesionalidad? ¿Qué debe hacer para procurarse tales medios?

Desde los días en que los marineros, como adelantados, demostraron a la humanidad sin sombra de duda que nuestro mundo es casi redondo, casi como una esfera, la dimensión global de toda empresa marinera ha adquirido proporciones difíciles de imaginar o de describir. La nueva dimensión global repercute, por supuesto, tanto en quienes trabajan en los barcos de pesca o mercantes, como en quienes lo hacen en los puertos, en unas dimensiones hoy en día difíciles de cancular y de controlar.

Los “seres humanos” que están al centro de nuestra preocupación, de cuantos nos reunimos hoy aquí para este XXI Congreso, son los millones de mujeres y de hombres de todo el mundo cuya vida y trabajo están relacionados con el mar. Confiamos que al final de este encuentro les conoceremos mejor y que el Apostolado del Mar estará mejor dotado para acompañarlos y poder sostenerlos tanto en el ámbito espiritual, y sacramental, para los católicos, como en el práctico.

En este intento, el Santo Padre nos ofrece su guía y su apoyo. En los últimos veinte años él ha sido un defensor infatigable de los derechos de la persona y de su dignidad. Una y otra vez ha venido repitiendo que la persona humana no ha sido creada para la economía, sino que la economía está al servicio del desarrollo del ser humano.

“La globalización no es, a priori, ni buena ni mala, dice el Santo Padre. “Todo dependerá de lo que los hombres hagan de ella. Si nos hallamos ante un fenómeno humano, ello significa que es un signo de los tiempos en el que es preciso descubrir los aspectos positivos, como, también, los negativos” (Discurso a la Academia de Ciencias Sociales, 27 abril 2001).

Para Su Santidad Juan Pablo II, el principio básico que debe regir toda actividad humana es “el valor inalienable de la persona humana, fuente de todos los derechos humanos y de todo el orden social. El ser humano debe ser siempre el fin y jamás un medio, un sujeto y jamás un objeto o un producto de mercado” (Discurso a la Academia de Ciencias Sociales). Por consiguiente, la globalización de la economía debe ir acompañada de una auténtica globalización de los derechos del hombre.

En este contexto, queda clara la labor del Apostolado del Mar: contribuir, con lo mejor de nuestras posibilidades, a la construcción de esta “globalización de la solidariedad” en el mundo marítimo. Hacerlo a pesar de los efectos siempre crecientes y a veces amenazadores que cierta globalización económica tiene sobre las condiciones de vida y de trabajo de la gente de mar. Los valores del Evangelio son, en definitiva, el indicador con que podremos juzgar la labor del Apostolado del Mar.

4. 1997 – 2002

No partimos de la nada. Veinte Congresos Mundiales han constituido la columna vertebral del desarrollo del Apostolado del Mar. El Congreso de Davao, celebrado en 1997, sólo escasos meses después de la publicación de la Carta Apostólica Stella Maris, no cayó en saco roto. Quisiera mencionar algunos de sus efectos:

  • La consolidación de las Regiones y del papel de los Coordinadores Regionales, que ahora se reúnen una vez al año;
  • Los programas de formación elaborados por el Apostolatus  Maris de Gran Bretaña, Italia, Australia, Ucrania, Méjico, además de otros países;
  • La creación de nuevos web y el creado por AM en Europa (stellamaris.net), que abarca todo el mundo;
  • La incorporación de mayor número de laicos en la dirección de AM y el compromiso de un número mayor de personal portuario en nuestro Apostolado;
  • La plena participación de AM en los programas iniciados por la ICMA, como el Programa de preparación para situaciones de crisis (CPC), el Programa de formación para el ministerio marítimo (SMT), la Red internacional de asistencia a los marinos (ISAN), sin olvidar el Proyecto de Capellanes a bordo. Precisamente sobre este proyecto, será presentado un interesante informe en el transcurso de este encuentro.

Quiero mencionar, además, la memorable celebración del Jubileo de la Gente de Mar, junto al Santo Padre, hace ahora dos años, y que tuve el gozo de guiar.

5. Conclusión

Durante el Congreso vamos a seguir el programa establecido. Me ha parecido muy apropiado y sugerente. No quiero avanzar nada más; Mons. Marchetto se encargará de exponerlo día a día. Quisiera, eso sí, recordar únicamente que nuestro objetivo es ofrecer un mejor servicio del Apostolado del Mar, en la línea de nuestra constitución, por supuesto.

Finalizo estas palabras de apertura, refiriéndome de nuevo a a Su Santidad Juan Pablo II, que en la Solicitudo rei socialis (n. 17): “Debería ser una cosa sabida que el desarrollo o se convierte en un hecho común a todas las partes del mundo, o sufre un proceso de retroceso aun en las zonas marcadas por un constante progreso”.  Una solidariedad activa es la mejor garantía del desarrollo sostenible para cuantos trabajan en las industrias pesquera y mercante, así como para las comunidades costeras de pescadores. Es el mejor pasaporte para su prosperidad.

Muchas gracias.
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