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INTERVENCIÓN DE SU EXCELENCIA MONS MARIO TOSO,
SECRETARIO DEL PONTIFICIO CONSIGLIO «JUSTICIA Y PAZ»,
EN EL PRIMER FÓRUM ANUAL DE ENERGÍA SOSTENIBLE PARA TODOS
CON MOTIVO DEL LANZAMIENTO DE LA  UNITED NATIONS DECADE
OF SUSTAINABLE ENERGY FOR ALL (2014-2024)

Nueva York
Viernes 6 de junio de 2014

 

Señor Presidente,
Excelencias,
Señoras y Señores:

Deseo unir mi voz a cuantos me han precedido para dar gracias a los organizadores de este Summit.

El documento final de la Conferencia de Río+20 expresa la determinación de los participantes «a trabajar con el fin de que la energía sostenible para todos se convierta en realidad, y ayudar así a erradicar la pobreza y avanzar hacia el desarrollo sostenible y la prosperidad mundial» (§ 129).

La Santa Sede concuerda con dicha determinación. Auspicia y anima en el ámbito de esta “Década” acciones eficaces y que ofrezcan soluciones. En efecto, para la Santa Sede es de grande importancia el bienestar y la felicidad de cada persona humana, especialmente de las más pobres y vulnerables, de todos aquellos que carecen de oportunidades para estudiar, para trabajar, para participar en la actividad económica, y para vivir con dignidad.

Realizar el derecho-deber de cada ser humano al desarrollo integral y lograr verdaderamente la energía sostenible para todos, requiere un radical cambio de paradigma en el modo de comportarse los unos con los otros, en la manera de percibir la economía y el desarrollo, y en la gestión, en todos los niveles, de los desafíos de la familia humana. Un semejante cambio de paradigma es esperado desde hace mucho tiempo, y precisamente la energía puede ser un driver fundamental para contribuir a él.

La creación con sus recursos, entre los cuales se encuentran también los energéticos, como ha recientemente explicado el Papa Francisco, «es un regalo maravilloso que Dios nos ha dado para que la cuidemos y la utilicemos en beneficio de todos, siempre con grande respeto»[1]. Es, por tanto, fundamental que, precisamente en el esfuerzo de proveer energía sostenible para todos, se promueva una mayor equidad e inclusión social en el mundo. Deben ser igualmente abandonadas actitudes tales como el suministrar energía a nivel suficiente solo para evitar conflictos, solo para obtener más consumidores; o solo para parecer “verdes”, o para no poner en peligro las ganancias futuras. La responsabilidad social de las empresas, los criterios de los inversionistas y las decisiones políticas, en especial, han de liberarse del oportunismo, del cinismo, y comprometerse con sinceridad y responsabilidad por el bien común a largo plazo. Lograr la sostenibilidad para todos requiere también reflexionar sobre el uso de la energía, es decir, sobre nuestras maneras de transformarla, de consumirla e incluso de desperdiciarla. Por ello es necesario establecer una jerarquía entre las prioridades de consumo y de distribución en base a criterios de necesidad, justicia, equidad y solidaridad, lo cual contribuirá a generar cambios significativos y responsables en los estilos de vida.

Señor Presidente:

La Santa Sede está en la mejor disposición para colaborar, de acuerdo con sus propias competencias, con todos los promotores de la “Década” y con aquellos que a ella se asociarán. Es necesario cultivar una amplia y ambiciosa visión de las modalidades con las cuales proveer la energía. Dichas modalidades han de satisfacer condiciones no solo técnicas y económicas, sino también sociales, ambientales, culturales y políticas. Una visión restringida y parcial, conduciría a fracasos y desilusiones.

Esto no sería aceptable, pues la energía es el centro neurálgico de numerosos desafíos que hoy se descubren cada vez más interconectados. La familia humana en numerosos lugares sufre a causa de tragedias sociales, políticas, económicas, y ecológicas, cuyas soluciones dependen, al menos en parte, de una voluntad renovada, audaz, y de largo alcance por parte de la comunidad internacional. Este Fórum y esta “Década” son un momentum particularmente favorable para la energía. ¡Ocasiones semejantes no pueden ser desaprovechadas! Retomando el espíritu del Llamamiento[2] lanzado en 1990 por San Juan Pablo II, nos podemos preguntar: ¿cómo juzgaría la historia a ésta, nuestra generación, que teniendo todos los medios para abastecer de energía sostenible a la población del planeta, se negara a hacerlo con fratricida indiferencia?

Gracias.


[1] Cf. Francisco, Catequesis a la Audiencia general, 21 de mayo de 2014.

[2] Cf. Juan Pablo II, Llamamiento a la humanidad, Uagadugú, 29 de enero de 1990, § 4.