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BENEDICTO XVI
ÁNGELUS
Queridos hermanos y hermanas: Esta mañana, en la basílica de San Pedro, han sido proclamados beatos los siervos de Dios Carlos de Foucauld, presbítero; María Pía Mastena, fundadora de las Religiosas de la Santa Faz; y María Crucificada Curcio, fundadora de la congregación de las Religiosas Carmelitas Misioneras de Santa Teresa del Niño Jesús. Se suman a la numerosa multitud de beatos que, durante el pontificado de Juan Pablo II, fueron propuestos a la veneración de las comunidades eclesiales en las que vivieron, con la certeza de lo que el concilio ecuménico Vaticano II subrayó con fuerza, es decir, que todos los bautizados están llamados a la perfección de la vida cristiana: sacerdotes, religiosos y laicos, cada uno según su carisma y su vocación específica. En efecto, el Concilio prestó gran atención al papel de los fieles laicos,
dedicándoles todo un capítulo —el cuarto— de la constitución
Lumen gentium
sobre la Iglesia, para definir su vocación y su misión, enraizadas en el
bautismo y en la confirmación, y orientadas a "buscar el reino de Dios
ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios" (n. 31). El
18 de noviembre de 1965, los padres aprobaron un decreto específico sobre el
apostolado de los laicos,
Apostolicam actuositatem. En él se subraya,
ante todo, que "la fecundidad del apostolado de los laicos depende de su unión
vital con Cristo" (n. 4), es decir, de una sólida espiritualidad, alimentada por
la participación activa en la liturgia y expresada en el estilo de las
bienaventuranzas evangélicas. Antes de concluir, quisiera recordar que el pasado domingo, en la catedral de Vicenza, fue beatificada una madre de familia, Eurosia Fabris, llamada "mamá Rosa", modelo de vida cristiana en su estado laical. A todos los que ya están en la patria celestial, a todos nuestros santos y, en primer lugar, a María santísima y a su esposo san José, les encomendamos todo el pueblo de Dios, para que crezca en cada bautizado la conciencia de estar llamado a trabajar con tesón y con fruto en la viña del Señor. Después del Ángelus © Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana
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