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BENEDICTO XVI
REGINA CAELI
IV Domingo de Pascua XLIII Jornada mundial de oración por las
vocaciones
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Queridos hermanos y hermanas:
En este IV domingo de Pascua, domingo del "Buen Pastor", en el que se celebra la
Jornada mundial de oración por las vocaciones, he tenido la alegría de ordenar
en la basílica de San Pedro a quince nuevos sacerdotes para la diócesis de Roma.
Demos gracias a Dios. Pienso también en los que en todas las partes del mundo
reciben en este período la ordenación presbiteral. A la vez que damos gracias al
Señor por el don de estos nuevos presbíteros al servicio de la Iglesia, queremos
encomendarlos a todos a María, invocando al mismo tiempo su intercesión para que
aumente el número de quienes acogen la invitación de Cristo a seguirlo por
el camino del sacerdocio y de la vida consagrada.
Este año la Jornada mundial de oración por las vocaciones tiene por tema: "La
vocación en el misterio de la Iglesia". En el
Mensaje que dirigí a toda la
comunidad eclesial para esta celebración recordé la experiencia de los primeros
discípulos de Jesús, que, después de haberlo conocido a orillas del lago y en
las aldeas de Galilea, fueron conquistados por su atractivo y su amor.
La vocación cristiana es siempre la renovación de esta amistad personal con
Jesucristo, que da pleno sentido a la propia existencia y la hace disponible
para el reino de Dios. La Iglesia vive de esta amistad, alimentada por la
Palabra y los sacramentos, realidades santas encomendadas de modo particular al
ministerio de los obispos, de los presbíteros y de los diáconos, consagrados por
el sacramento del Orden. Por eso —como
afirmé en ese mismo
Mensaje— la misión
del sacerdote es insustituible y, aunque en algunas regiones existe escasez de
clero, no se debe dudar de que Dios sigue llamando a muchachos, jóvenes y
adultos a dejarlo todo para dedicarse al anuncio del Evangelio y al ministerio
pastoral.
Otra forma especial de seguimiento de Cristo es la vocación a la vida
consagrada, que se expresa mediante una existencia pobre, casta y obediente,
totalmente dedicada a Dios, en la contemplación y en la oración, y puesta al
servicio de los hermanos, especialmente de los pequeños y pobres. No olvidemos
que también el matrimonio cristiano es, con pleno derecho, vocación a la
santidad, y que el ejemplo de padres santos es la primera condición que favorece
el florecimiento de las vocaciones sacerdotales y religiosas.
Queridos hermanos y hermanas, invoquemos la intercesión de María, Madre de la
Iglesia, por los sacerdotes y por los religiosos y las religiosas; oremos,
además, para que las semillas de vocación que Dios siembra en el corazón de los
fieles lleguen a una plena maduración y den frutos de santidad en la Iglesia y
en el mundo.
Después del Regina Caeli
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. En esta Jornada mundial
de oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas, acudamos a la
intercesión de la Virgen María, para que muchos jóvenes en la Iglesia descubran
la belleza de seguir a Cristo, buen pastor, respondiendo con generosidad a su
llamada a entregar la vida por los demás. ¡Feliz domingo a todos!
© Copyright 2006 - Libreria
Editrice Vaticana
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