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XXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

BENEDICTO XVI

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo de Ramos 16 de marzo de 2008

 

¡Queridos hermanos y hermanas:

Al final de esta solemne celebración, en la que hemos meditado sobre la pasión de Cristo, deseo recordar al arzobispo de Mosul de los caldeos, monseñor Paulos Faraj Rahho, muerto trágicamente hace pocos días. Su hermoso testimonio de fidelidad a Cristo, a la Iglesia y a su gente, a la que a pesar de numerosas amenazas no quiso abandonar, me impulsa a hacer un fuerte y apremiante llamamiento: ¡Basta con las matanzas! ¡Basta con la violencia! ¡Basta con el odio en Irak!

Al mismo tiempo, hago un llamamiento al pueblo iraquí, que desde hace cinco años sufre las consecuencias de una guerra que ha alterado totalmente su vida civil y social: amado pueblo iraquí, ¡levanta la cabeza y sé tú mismo el primer protagonista de la reconstrucción de tu vida nacional!

Que la reconciliación, el perdón, la justicia y el respeto de la convivencia civil entre tribus, etnias y grupos religiosos sean el camino solidario hacia la paz en nombre de Dios.

Y ahora, queridos hermanos y hermanas, os renuevo a todos mi cordial saludo. Lo dirijo de modo especial a los jóvenes, que han venido de muchos países del mundo con ocasión de la Jornada de la juventud, que el amado siervo de Dios Juan Pablo II quiso unir al domingo de Ramos. Mi pensamiento va en este momento a Sydney, Australia, donde se intensifican los preparativos para el gran encuentro que tendré allí con los jóvenes de todo el mundo, del 15 al 20 del próximo mes de julio. Agradezco a la Conferencia episcopal australiana, en particular al cardenal Pell, arzobispo de Sydney, y a sus colaboradores, todo el trabajo que están realizando con tanto esmero; también expreso mi agradecimiento a las autoridades australianas, tanto federales como estatales, por el generoso apoyo ofrecido a esta importante iniciativa. ¡Nos vemos en Sydney!


Después del Ángelus

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española y los aliento a salir al encuentro de Cristo con las buenas obras, de modo que, imitando todos su ejemplo de amor hasta la cruz, merezcamos un día tener parte en su resurrección. Me dirijo ahora en particular a los jóvenes aquí presentes y a cuantos se unen a esta oración mariana a través de la radio y la televisión. Os invito a que me acompañéis en la celebración de la Jornada mundial de la juventud que tendrá lugar en Sydney el próximo mes de julio. Muchas gracias y feliz domingo de Ramos.

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana

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