 |
BENEDICTO XVI
"REGINA CAELI"
III Domingo de Pascua 6 de abril de 2008
Queridos hermanos y hermanas:
El evangelio de este domingo —el tercero de Pascua— es el célebre relato llamado
de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35). En él se nos habla de dos
seguidores de Cristo que, el día siguiente al sábado, es decir, el tercero desde
su muerte, tristes y abatidos dejaron Jerusalén para dirigirse a una aldea poco
distante, llamada precisamente Emaús. A lo largo del camino, se les unió Jesús
resucitado, pero ellos no lo reconocieron. Sintiéndolos desconsolados, les
explicó, basándose en las Escrituras, que el Mesías debía padecer y morir para
entrar en su gloria. Después, entró con ellos en casa, se sentó a la mesa,
bendijo el pan y lo partió. En ese momento lo reconocieron, pero él desapareció
de su vista, dejándolos asombrados ante aquel pan partido, nuevo signo de su
presencia. Los dos volvieron inmediatamente a Jerusalén y contaron a los demás
discípulos lo que había sucedido.
La localidad de Emaús no ha sido identificada con certeza. Hay diversas
hipótesis, y esto es sugestivo, porque nos permite pensar que Emaús representa
en realidad todos los lugares: el camino que lleva a Emaús es el camino de todo
cristiano, más aún, de todo hombre. En nuestros caminos Jesús resucitado se hace
compañero de viaje para reavivar en nuestro corazón el calor de la fe y de la
esperanza y partir el pan de la vida eterna.
En la conversación de los discípulos con el peregrino desconocido impresiona la
expresión que el evangelista san Lucas pone en los labios de uno de ellos:
«Nosotros esperábamos...» (Lc 24, 21). Este verbo en pasado lo dice
todo: Hemos creído, hemos seguido, hemos esperado..., pero ahora todo ha
terminado. También Jesús de Nazaret, que se había manifestado como un profeta
poderoso en obras y palabras, ha fracasado, y nosotros estamos decepcionados.
Este drama de los discípulos de Emaús es como un espejo de la situación de
muchos cristianos de nuestro tiempo. Al parecer, la esperanza de la fe ha
fracasado. La fe misma entra en crisis a causa de experiencias negativas que nos
llevan a sentirnos abandonados por el Señor. Pero este camino hacia Emaús, por
el que avanzamos, puede llegar a ser el camino de una purificación y maduración
de nuestra fe en Dios.
También hoy podemos entrar en diálogo con Jesús escuchando su palabra. También
hoy, él parte el pan para nosotros y se entrega a sí mismo como nuestro pan.
Así, el encuentro con Cristo resucitado, que es posible también hoy, nos da una
fe más profunda y auténtica, templada, por decirlo así, por el fuego del
acontecimiento pascual; una fe sólida, porque no se alimenta de ideas humanas,
sino de la palabra de Dios y de su presencia real en la Eucaristía.
Este estupendo texto evangélico contiene ya la estructura de la santa misa: en
la primera parte, la escucha de la Palabra a través de las sagradas Escrituras;
en la segunda, la liturgia eucarística y la comunión con Cristo presente en el
sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. La Iglesia, alimentándose en esta doble
mesa, se edifica incesantemente y se renueva día tras día en la fe, en la
esperanza y en la caridad. Por intercesión de María santísima, oremos para que
todo cristiano y toda comunidad, reviviendo la experiencia de los discípulos de
Emaús, redescubra la gracia del encuentro transformador con el Señor resucitado.
Después del Regina caeli
Queridos amigos, ha concluido esta mañana, con la celebración eucarística en la
basílica de San Pedro, el I Congreso mundial sobre la Misericordia divina. Doy
las gracias a los organizadores, en particular al Vicariato de Roma, y a todos
los participantes dirijo mi cordial saludo, que ahora se convierte en una
consigna: id y sed testigos de la misericordia de Dios, manantial de esperanza
para todo hombre y para el mundo entero. ¡El Señor resucitado esté siempre con
vosotros!
Se celebra hoy la Jornada de la Universidad católica del Sagrado Corazón, en
recuerdo de la sierva de Dios Arminda Barelli, cofundadora del ateneo juntamente
con el padre Gemelli y gran animadora de la juventud femenina de la Acción
católica en la primera mitad del siglo pasado. Deseo que esta celebración
contribuya a renovar el compromiso de esta importante institución con vistas a
una cultura popular católica.
(En castellano)
Dirijo mi cordial saludo a los peregrinos de lengua española que participan en
esta oración mariana, en particular al grupo del Instituto Sofía Casanova del
Ferrol. Que la alegría de Cristo resucitado colme vuestro corazón de serenidad
en el camino de la vida y os aliente a orar, a escuchar con fervor su palabra, a
participar dignamente en los sacramentos y a dar testimonio del Evangelio con
valentía en toda circunstancia. ¡Feliz domingo a todos!
© Copyright 2008 - Libreria
Editrice Vaticana
|