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BENEDICTO XVI
ÁNGELUS
Solemnidad del Corpus Christi
Domingo 14 de junio de 2009
Queridos hermanos y hermanas:
Se celebra hoy en varios países, entre los cuales Italia, el Corpus Christi,
la fiesta de la Eucaristía, en la que el sacramento del Cuerpo del Señor se
lleva solemnemente en procesión. ¿Qué significa para nosotros esta fiesta? No
sólo hace pensar en el aspecto litúrgico; en realidad, el Corpus Christi
es un día que implica la dimensión cósmica, el cielo y la tierra. Evoca ante
todo —al menos en nuestro hemisferio— esta estación tan hermosa y perfumada en
la que la primavera se transforma ya en verano, el sol brilla con fuerza en el
cielo y en los campos madura el trigo. Las fiestas de la Iglesia, como las
judías, siguen el ritmo del año solar, de la siembra y la cosecha. En
particular, esto destaca en la solemnidad de hoy, en cuyo centro está el signo
del pan, fruto de la tierra y del cielo. Por eso, el Pan eucarístico es el signo
visible de Aquel en el que el cielo y la tierra, Dios y el hombre, han llegado a
ser uno. Y esto muestra que la relación con las estaciones no es para el año
litúrgico algo meramente exterior.
La solemnidad del Corpus Christi está íntimamente relacionada con la
Pascua y con Pentecostés: la muerte y la resurrección de Jesús y la efusión del
Espíritu Santo son sus presupuestos. Además, está inmediatamente unida a la
fiesta de la Trinidad, celebrada el domingo pasado. Sólo porque Dios mismo es
relación, puede existir relación con él; y sólo porque es amor, puede amar y ser
amado. Así, el Corpus Christi es una manifestación de Dios, un testimonio
de que Dios es amor.
De un modo único y peculiar, esta fiesta nos habla del amor divino, de lo que es
y de lo que hace. Nos dice, por ejemplo, que se regenera al entregarse, se
recibe al darse, no disminuye y no se consuma, como canta un himno de santo
Tomás de Aquino: "nec sumptus consumitur". El amor lo transforma todo y,
por tanto, se comprende que en el centro de esta fiesta del Corpus Christi
está el misterio de la transubstanciación, signo de Jesucristo que transforma el
mundo. Al contemplarlo y adorarlo, decimos: sí, el amor existe, y, puesto que
existe, las cosas pueden mejorar y nosotros podemos esperar. La esperanza que
brota del amor de Cristo nos da la fuerza para vivir y afrontar las
dificultades. Por eso cantamos mientras llevamos en procesión el Santísimo
Sacramento; cantamos y alabamos a Dios, que se ha revelado escondiéndose en el
signo del pan partido. Todos tenemos necesidad de este Pan, porque es largo y
fatigoso el camino hacia la libertad, la justicia y la paz.
Podemos imaginar con cuánta fe y amor la Virgen habrá recibido y adorado en su
corazón la santa Eucaristía. Cada vez era para ella como revivir todo el
misterio de su Hijo Jesús: desde la concepción hasta la resurrección. "Mujer
eucarística" la llamó mi venerado y amado predecesor Juan Pablo II. Aprendamos
de ella a renovar continuamente nuestra comunión con el Cuerpo de Cristo, para
amarnos unos a otros como él nos amó.
Después del Ángelus
El próximo viernes, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, Jornada mundial
de oración por la santificación de los sacerdotes, comenzará el Año sacerdotal,
que he convocado en coincidencia con el 150° aniversario de la muerte del santo
cura de Ars. Encomiendo a vuestras oraciones esta nueva iniciativa espiritual,
que seguirá al Año paulino, ya a punto de concluir. Ojalá que este nuevo año
jubilar constituya una ocasión propicia para profundizar en el valor y la
importancia de la misión sacerdotal y para pedir al Señor que dé a su Iglesia
numerosos y santos sacerdotes.
* * *
(En castellano)
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta
oración mariana. En este día, en el que en muchas partes se celebra la
solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, os invito a rendir público
testimonio de fe y piedad hacia este excelso sacramento, memorial de la pasión
del Señor. Que la veneración de este sagrado misterio nos haga experimentar
constantemente el fruto de la redención. ¡Feliz domingo!
© Copyright 2009 - Libreria
Editrice Vaticana
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