Oración del Rey
Queridos hermanos y hermanas:
1. Concluye hoy la Semana de oración por la unidad de los cristianos,
durante la cual hemos reflexionado en la necesidad de pedir constantemente al
Señor el gran don de la unidad plena entre todos los discípulos de Cristo. En
efecto, la oración contribuye de modo esencial a hacer más sincero y fructífero
el compromiso ecuménico común de las Iglesias y comunidades eclesiales.
En este encuentro queremos reanudar la meditación sobre el salmo 143, que la
liturgia de las Vísperas nos propone en dos momentos distintos (cf. vv. 1-8
y vv. 9-15). Tiene el tono de un himno; y también en este segundo movimiento del
salmo entra en escena la figura del "Ungido", es decir, del "Consagrado" por
excelencia, Jesús, que atrae a todos hacia sí para hacer de todos "uno" (cf.
Jn 17, 11. 21). Con razón, la escena que dominará el canto estará marcada
por la prosperidad y la paz, los símbolos típicos de la era mesiánica.
2. Por esto, el cántico se define como "nuevo", término que en el lenguaje
bíblico no indica tanto la novedad exterior de las palabras, cuanto la plenitud
última que sella la esperanza (cf. v. 9). Así pues, se canta la meta de la
historia, en la que por fin callará la voz del mal, que el salmista describe
como "falsedades" y "jurar en falso", expresiones que aluden a la idolatría (cf.
v. 11).
Pero después de este aspecto negativo se presenta, con un espacio mucho mayor,
la dimensión positiva, la del nuevo mundo feliz que está a punto de llegar. Esta
es la verdadera shalom, es decir, la "paz" mesiánica, un horizonte
luminoso que se articula en una sucesión de escenas de vida social: también
para nosotros pueden convertirse en auspicio de la creación de una sociedad más
justa.
3. En primer lugar está la familia (cf. v. 12), que se basa en la vitalidad de
la generación. Los hijos, esperanza del futuro, se comparan a árboles robustos;
las hijas se presentan como columnas sólidas que sostienen el edificio de la
casa, semejantes a las de un templo. De la familia se pasa a la vida económica,
al campo con sus frutos conservados en silos, con las praderas llenas de rebaños
que pacen, con los bueyes que avanzan en los campos fértiles (cf. vv. 13-14).
La mirada pasa luego a la ciudad, es decir, a toda la comunidad civil, que por
fin goza del don valioso de la paz y de la tranquilidad pública. En efecto,
desaparecen para siempre las "brechas" que los invasores abren en las murallas
de las plazas durante los asaltos; acaban las "incursiones", que implican
saqueos y deportaciones, y, por último, ya no se escucha el "gemido" de los
desesperados, de los heridos, de las víctimas, de los huérfanos, triste legado
de las guerras (cf. v. 14).
4. Este retrato de un mundo diverso, pero posible, se encomienda a la obra del
Mesías y también a la de su pueblo. Todos juntos, bajo la guía del Mesías
Cristo, debemos trabajar por este proyecto de armonía y paz, cesando la acción
destructora del odio, de la violencia, de la guerra. Sin embargo, hay que hacer
una opción, poniéndose de parte del Dios del amor y de la justicia.
Por esto el Salmo concluye con las palabras: "Dichoso el pueblo cuyo Dios es el
Señor". Dios es el bien de los bienes, la condición de todos los demás bienes.
Sólo un pueblo que conoce a Dios y defiende los valores espirituales y morales
puede realmente ir hacia una paz profunda y convertirse también en una fuerza de
paz para el mundo, para los demás pueblos. Y, por tanto, puede entonar con el
salmista el "cántico nuevo", lleno de confianza y esperanza. Viene
espontáneamente a la mente la referencia a la nueva alianza, a la novedad misma
que es Cristo y su Evangelio.
Es lo que nos recuerda san Agustín. Leyendo este salmo, interpreta también las
palabras: "tocaré para ti el arpa de diez cuerdas". El arpa de diez cuerdas es
para él la ley compendiada en los diez mandamientos. Pero debemos encontrar la
clave correcta de estas diez cuerdas, de estos diez mandamientos. Y, como dice
san Agustín, estas diez cuerdas, los diez mandamientos, sólo resuenan bien si
vibran con la caridad del corazón. La caridad es la plenitud de la ley. Quien
vive los mandamientos como dimensión de la única caridad, canta realmente el
"cántico nuevo". La caridad que nos une a los sentimientos de Cristo es el
verdadero "cántico nuevo" del "hombre nuevo", capaz de crear también un "mundo
nuevo". Este salmo nos invita a cantar "con el arpa de diez cuerdas" con corazón
nuevo, a cantar con los sentimientos de Cristo, a vivir los diez mandamientos en
la dimensión del amor, contribuyendo así a la paz y a la armonía del mundo (cf.
Esposizioni sui salmi, 143, 16: Nuova Biblioteca Agostiniana,
XXVIII, Roma 1977, p. 677).
Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo
de la fundación Interfamilias, así como a las demás personas venidas de España y
Latinoamérica. En el día que se clausura la Semana de oración por la unidad de
los cristianos, invito a todos a unirse con sus plegarias, para que se cumpla el
deseo de Jesús: "que todos sean uno". Muchas gracias por vuestra visita.
(En polaco)
Saludo a todos los
participantes en esta audiencia procedentes de Polonia y de los diversos países.
Hoy, en la fiesta de la Conversión de San Pablo Apóstol, se publicará mi primera
encíclica: "Dios es amor". Que su lectura refuerce vuestra fe, os ayude a amar
más intensamente a Dios y a realizar actos de caridad hacia el prójimo. Que Dios
os bendiga.
(En italiano)
Mi pensamiento va por último a los jóvenes, a los enfermos y a los
recién casados. Entre los jóvenes recuerdo en particular a los
estudiantes del instituto "Leopardi" de San Benedetto del Tronto, acompañados
por su obispo, mons. Gervasio Gestori, y a los alumnos de la escuela pontificia
"Pío IX" de Roma. A ejemplo del apóstol Pablo, cuya conversión recordamos hoy,
invito a todos a vivir con autenticidad la vocación cristiana. Que el Señor os
bendiga a todos.