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BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 3 de junio de 2009
Rabano Mauro
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy voy a hablar de un personaje del Occidente latino verdaderamente
extraordinario: el monje Rabano Mauro. Junto a hombres como san Isidoro de
Sevilla, san Beda el Venerable y san Ambrosio Auperto, de los que ya he hablado
en catequesis precedentes, durante los siglos de la alta Edad Media supo
mantener el contacto con la gran cultura de los antiguos sabios y de los Padres
cristianos.
Rabano Mauro, recordado con frecuencia como "praeceptor Germaniae", tuvo
una fecundidad extraordinaria. Con su capacidad de trabajo totalmente
excepcional fue quizá el que más contribuyó a mantener viva la cultura
teológica, exegética y espiritual a la que recurrirían los siglos sucesivos. A
él hacen referencia grandes personajes pertenecientes al mundo de los monjes,
como san Pedro Damián, san Pedro el Venerable y san Bernardo de Claraval, así
como un número cada vez mayor de "clerici" del clero secular, que en los
siglos XII y XIII promovieron uno de los florecimientos más hermosos y fecundos
del pensamiento humano.
Rabano nació en Maguncia, alrededor del año 780; al entrar, muy joven, en el
monasterio se le añadió el nombre de Mauro, precisamente en referencia al joven
Mauro que, según el Libro segundo de los diálogos de san Gregorio Magno,
siendo niño, lo habían entregado sus padres, nobles romanos, al abad Benito de
Nursia. El ingreso precoz de Rabano como "puer oblatus" en el mundo
monástico benedictino, y los frutos que obtuvo para su crecimiento humano,
cultural y espiritual, abrieron posibilidades interesantísimas no sólo para la
vida de los monjes y de la Iglesia, sino también para toda la sociedad de su
tiempo, tradicionalmente llamada "carolingia".
Hablando de ellos, o quizá de sí mismo, Rabano Mauro escribe: "Hay algunos que
han tenido la suerte de haber sido introducidos en el conocimiento de las
Escrituras desde su más tierna infancia ("a cunabulis suis") y se han
alimentado tan bien de la comida que les ha ofrecido la santa Iglesia que pueden
ser promovidos, con la educación adecuada, a las más altas órdenes sagradas" (PL
107, col 419 BC).
La extraordinaria cultura por la que se distinguía Rabano Mauro llamó muy pronto
la atención de los grandes de su tiempo. Se convirtió en consejero de príncipes.
Se esforzó por garantizar la unidad del Imperio y, en un nivel cultural más
amplio, a quien le preguntaba nunca negó una respuesta ponderada, que se
inspiraba preferentemente en la Biblia y en los textos de los santos Padres. A
pesar de que fue elegido primero abad del famoso monasterio de Fulda y después
arzobispo de su ciudad natal, Maguncia, prosiguió sus estudios, demostrando con
el ejemplo de su vida que se puede estar al mismo tiempo a disposición de los
demás, sin privarse por ello de un tiempo oportuno de reflexión, estudio y
meditación.
Así, Rabano Mauro fue exegeta, filósofo, poeta, pastor y hombre de Dios. Las
diócesis de Fulda, Maguncia, Limburgo y Breslavia lo veneran como santo o beato.
Sus obras ocupan seis volúmenes de la Patrología Latina de Migne. Probablemente
fue él quien compuso uno de los himnos más bellos y conocidos de la Iglesia
latina, el "Veni Creator Spiritus", síntesis extraordinaria de pneumatología cristiana. El primer compromiso teológico de Rabano se expresó, de
hecho, en forma de poesía y tuvo como tema el misterio de la santa cruz, en una
obra titulada "De laudibus sanctae crucis", concebida para presentar no
sólo contenidos conceptuales, sino también estímulos más exquisitamente
artísticos, utilizando tanto la forma poética como la forma pictórica dentro
del mismo códice manuscrito.
Por ejemplo, proponiendo iconográficamente entre las líneas de su escrito la
imagen de Cristo crucificado, escribe: "Esta es la imagen del Salvador que, con
la posición de sus miembros, hace sagrada para nosotros la salubérrima,
dulcísima y amadísima forma de la cruz, para que creyendo en su nombre y
obedeciendo sus mandamientos podamos obtener la vida eterna gracias a su Pasión.
Por eso, cada vez que elevamos la mirada a la cruz, recordamos a Aquel que
sufrió por nosotros para arrancarnos del poder de las tinieblas, aceptando la
muerte para hacernos herederos de la vida eterna" (Lib. 1, Fig. 1:PL
107 col 151 C).
Este método de combinar todas las artes, la inteligencia, el corazón y los
sentidos, que procedía de Oriente, sería desarrollado ampliamente en Occidente,
consiguiendo metas inalcanzables en los códices miniados de la Biblia y en otras
obras de fe y de arte, que florecieron en Europa hasta la invención de la
imprenta e incluso después. En todo caso, demuestra que Rabano Mauro tenía una
conciencia extraordinaria de la necesidad de involucrar en la experiencia de fe
no sólo la mente y el corazón, sino también los sentidos a través de los otros
aspectos del gusto estético y de la sensibilidad humana que llevan al hombre a
disfrutar de la verdad con todo su ser, "espíritu, alma y cuerpo".
Esto es importante: la fe no es sólo pensamiento, sino que implica a todo el
ser. Dado que Dios se hizo hombre en carne y hueso, y entró en el mundo
sensible, nosotros tenemos que tratar de encontrar a Dios con todas las
dimensiones de nuestro ser. Así, la realidad de Dios, a través de la fe, penetra
en nuestro ser y lo transforma. Por eso, Rabano Mauro concentró su atención
sobre todo en la liturgia, como síntesis de todas las dimensiones de nuestra
percepción de la realidad. Esta intuición de Rabano Mauro lo hace
extraordinariamente actual.
Son famosos también sus "Carmina", propuestos para ser utilizados sobre
todo en las celebraciones litúrgicas. De hecho, es lógico el interés de Rabano
por la liturgia, teniendo en cuenta que era ante todo un monje. Sin embargo, no
se dedicó al arte de la poesía como fin en sí misma, sino que utilizó el arte y
cualquier otro tipo de conocimiento para profundizar en la Palabra de Dios. Por
ello, con gran empeño y rigor trató de introducir a sus contemporáneos, sobre
todo a los ministros (obispos, presbíteros y diáconos), en la comprensión del
significado profundamente teológico y espiritual de todos los elementos de la
celebración litúrgica.
Así, trató de comprender y presentar a los demás los significados teológicos
escondidos en los ritos, recurriendo a la Biblia y a la tradición de los Padres.
Por honradez y para dar mayor peso a sus explicaciones, no dudaba en citar las
fuentes patrísticas a las que debía su saber. Se servía de ellas con libertad y
discernimiento atento, continuando el desarrollo del pensamiento patrístico. Por
ejemplo, al final de su "Epistola prima" dirigida a un corepíscopo de la
diócesis de Maguncia, después de responder a las peticiones de aclaración sobre
el comportamiento que se debe tener en el ejercicio de la responsabilidad
pastoral, prosigue:"Te hemos escrito todo esto tal como lo hemos deducido de
las Sagradas Escrituras y de los cánones de los Padres. Ahora bien, tú,
santísimo hombre, toma tus decisiones como mejor te parezca, caso por caso,
tratando de moderar tu evaluación de tal manera que se garantice en todo la
discreción, pues esta es la madre de todas las virtudes" (Epistulae,
I: PL 112, col. 1510 C). Así se ve la continuidad de la fe cristiana, que
tiene sus inicios en la Palabra de Dios, la cual siempre está viva, se
desarrolla y se expresa de nuevas maneras, siempre en coherencia con toda la
construcción, con todo el edificio de la fe.
Dado que la Palabra de Dios es parte integrante de la celebración litúrgica,
Rabano Mauro se dedicó a ella con el máximo empeño durante toda su vida. Redactó
explicaciones exegéticas apropiadas casi para todos los libros bíblicos del
Antiguo y del Nuevo Testamento, con una finalidad claramente pastoral, que
justificaba con palabras como estas:"He escrito esto (...) sintetizando
explicaciones y propuestas de otros muchos para prestar un servicio al pobre
lector que no puede tener a su disposición muchos libros, pero también para
ayudar a quienes en muchos temas no logran profundizar en la comprensión de los
significados descubiertos por los Padres" (Commentariorum in Matthaeum
praefatio: PL 107, col. 727 D). De hecho, al comentar los textos
bíblicos recurría ampliamente a los Padres antiguos, con predilección especial
por san Jerónimo, san Ambrosio, san Agustín y san Gregorio Magno.
Su notable sensibilidad pastoral lo llevó después a afrontar uno de los
problemas que más preocupaban a los fieles y a los ministros sagrados de su
tiempo: el de la Penitencia. Compiló "Penitenciarios" —así los llamaba— en los
que, según la sensibilidad de la época, se enumeraban los pecados y las penas
correspondientes, utilizando en la medida de lo posible motivaciones tomadas de
la Biblia, de las decisiones de los concilios, y de las Decretales de los Papas.
De esos textos se sirvieron también los "carolingios" en su intento de reforma
de la Iglesia y de la sociedad. Esta misma finalidad pastoral tenían obras como
"De disciplina ecclesiastica" y "De institutione clericorum" en
los que, recurriendo sobre todo a san Agustín, Rabano explicaba a personas
sencillas y al clero de su diócesis los elementos fundamentales de la fe
cristiana: eran una especie de pequeños catecismos.
Concluyo la presentación de este gran "hombre de Iglesia" citando algunas
palabras suyas en las que se refleja su convicción de fondo: "Quien descuida la
contemplación ("qui vacare Deo negligit"), se priva de la visión de la
luz de Dios; quien se deja llevar de modo indiscreto por las preocupaciones y
permite que sus pensamientos se vean arrollados por el tumulto de las cosas del
mundo, se condena a la imposibilidad absoluta de penetrar en los secretos del
Dios invisible" (Lib. I: PL 112, col. 1263 A).
Creo que Rabano Mauro nos dirige hoy estas palabras: en el trabajo, con sus
ritmos frenéticos, y en los tiempos de vacaciones, debemos reservar momentos
para Dios. Abrirle nuestra vida dirigiéndole un pensamiento, una reflexión, una
breve oración; y, sobre todo, no debemos olvidar el domingo como el día del
Señor, el día de la liturgia, para percibir en la belleza de nuestras iglesias,
de la música sacra y de la Palabra de Dios, la belleza misma de Dios, dejándolo
entrar en nuestro ser. Sólo así nuestra vida se hace grande, se hace vida de
verdad.
Saludos
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los
miembros del movimiento "Familias en Alianza", así como a los de El Salvador,
España, Ecuador, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a que, a
ejemplo de Rabano Mauro, las preocupaciones de este mundo nunca los aparten del
amor de Dios. Muchas gracias.
(En italiano)
Dirijo ahora un afectuoso saludo a los jóvenes, a los
enfermos y a los recién casados. Queridos jóvenes, el próximo
domingo celebraremos la solemnidad de la Santísima Trinidad. Os deseo que la
contemplación del misterio trinitario os introduzca cada vez más en el amor
divino. Queridos enfermos, gracias al bautismo está presente la Santísima
Trinidad en vuestra vida. Que esto os sirva de apoyo para cumplir en toda
circunstancia la voluntad del Señor. Y vosotros, queridos recién casados,
inspiraos siempre en la comunión trinitaria para formar una familia cristiana en
la que podáis experimentar, en el amor recíproco, la alegría de la oración y de
la acogida de la vida.
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Editrice Vaticana
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