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DISCURSO DE PRESENTACIÓN
DEL CARDENAL JOSEPH RATZINGER COMO MIEMBRO DE LA ACADEMIA PONTIFICIA DE
LAS CIENCIAS
Señor Presidente, estimados colegas, nací en 1927 en Marktl, en
Baviera del Norte. Cursé mis estudios filosóficos y teológicos inmediatamente
después de la guerra, desde 1946 a 1951. En este período, la formación
teológica de la facultad de Munich estuvo esencialmente determinada por el
movimiento bíblico, litúrgico y ecuménico del tiempo entre las dos Guerras
Mundiales.
El estudio bíblico fue fundamental y esencial en nuestra formación,
y el método histórico-crítico ha sido siempre muy importante para mi propia
formación y trabajo teológico subsiguiente.
En general, nuestra formación fue orientada históricamente, y por
eso, aunque mi área de especialidad fue la teología sistemática, mi disertación
doctoral y mi trabajo postdoctoral presentaron argumentos históricos. Mi
disertación doctoral se centró en la noción de pueblo de Dios en San Agustín; en
este estudio, me fue posible observar cómo Agustín mantuvo diálogo con diversas
formas de Platonismo, el Platonismo de Plotino por un lado y de Porfirio por el
otro. La filosofía de Porfirio fue una re-fundación del Politeísmo y una
fundación filosófica de las ideas de la religión griega clásica, combinada con
elementos de religiones orientales. Al mismo tiempo, Agustín mantuvo diálogo
con la ideología romana, especialmente después de la ocupación de Roma por los
godos en el 410, y por eso fue muy fascinante para mí observar cómo a través de
estos diferentes diálogos y culturas él define la esencia de la religión
Cristiana. Él vio la fe Cristiana, no en continuidad con las religiones
anteriores, sino mejor aún en continuidad con la filosofía, entendida como la
victoria de la razón sobre la superstición. Así pues, comprender la idea
original de Agustín y de muchos otros Padres sobre la posición del Cristianismo
en este período de la historia del mundo fue muy interesante para mí y, si Dios
me da tiempo, espero desarrollar esta idea más adelante.
Mi trabajo postdoctoral se centró en San
Buenaventura, un teólogo franciscano del siglo trece. Descubrí un aspecto de la
teología de Buenaventura no basado en la literatura previa, a saber, su relación
con una nueva idea de historia concebida por Joaquín de Fiore en el siglo XII. Joaquín entendió la
historia como la progresión desde un período del Padre (un tiempo difícil para
los seres humanos bajo la ley), a un segundo período de la historia, el del Hijo
(con más libertad, más franqueza, más fraternidad), a un tercer período de la
historia, el período definitivo de la historia, el tiempo del Espíritu Santo.
Según Joaquín, éste debió ser un tiempo de reconciliación universal, de
reconciliación entre el este y el oeste, entre Cristianos y Judíos, un tiempo
sin ley (en el sentido paulino), un tiempo de verdadera fraternidad en el
mundo. La interesante idea que descubrí fue que una significativa corriente
entre los franciscanos estaba convencida de que San Francisco de Asís y la Orden
Franciscana marcaron el principio de este tercer período de la historia, y fue
su ambición actualizarlo; Buenaventura mantuvo un diálogo crítico con esta
corriente.
Tras finalizar mi trabajo postdoctoral me ofrecieron un cargo en la
Universidad de Bonn para enseñar teología fundamental, y en este período la
eclesiología, la historia y la filosofía de la religión eran mis principales
áreas de trabajo.
Desde 1962 a 1965 tuve la maravillosa oportunidad de estar presente
en el Concilio Vaticano Segundo como un experto; éste fue un tiempo muy grato de
mi vida, en el cual me fue posible formar parte de esta reunión, no sólo entre
obispos y teólogos, sino también entre continentes, distintas culturas, y
distintas escuelas de pensamiento y de espiritualidad en la Iglesia.
Luego acepté un cargo en la Universidad de Tübingen, con la
intención de estar más cerca de la “escuela de Tübingen”, la cual hizo teología
de una manera histórica y ecuménica. En 1968 se produjo una muy violenta
explosión de teología Marxista, y por eso cuando me ofrecieron un cargo en la
nueva Universidad de Regensburg, acepté no sólo porque pensé que sería
interesante colaborar con el desarrollo de una nueva universidad, sino también
porque mi hermano era el director del coro de la Capilla de la Catedral.
Deseaba, asimismo, que fuera un tiempo tranquilo para desarrollar mi trabajo
teológico. Durante mi tiempo libre allí escribí un libro acerca de la
escatología y un libro acerca de los principios de la teología, tales como el
problema del método teológico, el problema de la relación entre la razón y la
revelación, y entre la tradición y la revelación. La Biblia fue también un
punto de principal interés para mí.
Cuando comenzaba a desarrollar mi propia visión teológica, en 1977
el Papa Pablo VI me nombró Arzobispo de Munich, y por eso, al igual que el
Cardenal Martini, tuve que interrumpir mi trabajo teológico. En noviembre de
1981, el Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, me pidió que me desempeñara como
Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El Prefecto de la
Congregación es también el Presidente de dos importante Comisiones, la Comisión
Teológica Internacional y la Comisión Bíblica Pontifical. La labor de estos dos
cuerpos, cada uno compuesto por veinte o treinta profesores propuestos por los
Obispos del mundo, se realiza en completa libertad y actúa como conexión entre
la Santa Sede y las oficinas de la Curia Romana por un lado, y el mundo
teológico por el otro. Me ha sido muy provechoso servir como Presidente de estas
dos Comisiones, porque me permitió continuar de alguna manera mi contacto con
los teólogos y con la teología. En estos años, las dos Comisiones han publicado
un buen número de documentos muy importantes.
En la Comisión Bíblica dos documentos en particular fueron muy bien
recibidos por los círculos ecuménicos y por el mundo teológico en general. El
primero era un documento acerca de los métodos de exégesis. En los cincuenta
años desde la Segunda Guerra Mundial hemos sido testigos de interesantes avances
en metodología, no sólo el clásico método histórico-crítico, sino también nuevos
métodos que toman en consideración la unidad de la Biblia en los diversos
avances en esta literatura, y también nuevos métodos. Creo que este documento
fue realmente un hito; fue muy bien recibido, como dije, por la comunidad
científica. El segundo documento fue publicado el año pasado y se refiere a la
relación entre la Santa Biblia del pueblo Judío, el Antiguo Testamento, y el
Nuevo Testamento. Se centra en la cuestión del sentido gracias al cual las dos
partes de la Biblia, cada una con historias muy diferentes, pueden ser
consideradas una Biblia, y en qué sentido una interpretación Cristológica del
Antiguo Testamento –no tan evidente en el texto como tal— puede ser justificada,
así como nuestra relación para con la interpretación Judía del Antiguo
Testamento. En este sentido, la reunión de los dos libros es asimismo la
reunión de dos historias a través de sus culturas y realizaciones religiosas.
Esperamos que este documento también sea muy beneficioso para el diálogo entre
Cristianos y Judíos.
La Comisión Teológica ha publicado documentos acerca de la
interpretación del dogma, de las faltas de la Iglesia en el pasado –de suma
importancia luego de las confesiones realizadas en repetidas ocasiones por el
Santo Padre— y de otros documentos. Actualmente estamos publicando un documento
acerca del Diaconato y otro acerca de la revelación y la incultura.
Este último argumento, el encuentro entre diferentes culturas, esto
es, el diálogo intercultural e interreligioso, es en la actualidad el tema
central para nosotros en nuestra Congregación. Tras la desaparición de la
teología de la liberación en los años que siguieron a 1989, se desarrollaron
nuevas corrientes en teología; por ejemplo, en América Latina existe una
teología indígena. La idea es re-hacer la teología a la luz de las culturas
pre-Colombinas. También nos estamos ocupando del problema de cómo la fe
Cristiana puede estar presente en la gran cultura india con sus ricas
tradiciones religiosas y filosóficas.
Las reuniones de la Congregación para la Doctrina de la Fe con
Obispos y teólogos, destinada a descubrir cómo es posible una síntesis
intercultural en el presente sin perder la identidad de nuestra fe es
emocionante para nosotros, y yo pienso que es un tema importante incluso para
los no-Cristianos o los no-Católicos.
Les agradezco por el honor de estar presente entre ustedes.
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