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CARTA DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI A SU ENVIADO AL CONGRESO EUCARÍSTICO DE BARI (ITALIA)
Al venerado hermano
Señor cardenal CAMILLO RUINI
Presidente de la
Conferencia episcopal italiana
En el mes de octubre del año pasado usted, junto con monseñor Francesco Cacucci,
arzobispo de Bari, y con monseñor Angelo Comastri, entonces arzobispo prelado de
Loreto, presidente del Comité italiano para los Congresos eucarísticos, dirigió
una apremiante invitación a mi venerado predecesor Juan Pablo II para que
presidiera las celebraciones conclusivas del XXIV Congreso eucarístico italiano,
que se celebrará en Bari del 21 al 29 de mayo.
Este acontecimiento, muy significativo para la Iglesia italiana, tiene lugar en
el contexto del Año especial de la Eucaristía, durante el cual los católicos de
todo el mundo son impulsados a tomar renovada conciencia del gran don que nos
dejó Cristo en la última Cena. En el pan y en el vino, convertidos durante la
santa misa en el Cuerpo y la Sangre del Señor, encuentra alimento y apoyo el
pueblo cristiano para recorrer el camino hacia la santidad, vocación universal
de todos los bautizados.
Es muy actual el tema elegido: "Sin el domingo no podemos vivir", sobre el que
la Iglesia en Italia está reflexionando para trazar caminos eficaces de acción
pastoral que lleven a redescubrir cada vez más el valor del Día del Señor, en el
que se celebra el misterio de la Pascua, cuyo auténtico y perenne memorial es la
Eucaristía.
Confirmando de buen grado lo que mi amado predecesor decidió entonces, le pido a
usted, venerado hermano, que sea mi enviado especial a ese Congreso eucarístico.
Por mi parte, espero estar presente en la celebración eucarística conclusiva, el
próximo domingo 29 de mayo, para rendir homenaje a Cristo en el sacramento de su
amor y para reforzar al mismo tiempo los vínculos de comunión que unen al
Sucesor de Pedro con la Iglesia que está en Italia y con sus pastores.
Desde ahora aseguro un recuerdo en la oración a esa importante asamblea
eclesial, a fin de que produzca abundantes frutos espirituales para los
cristianos y para toda la comunidad italiana, y sobre todos invoco la protección
materna de María santísima.
Con estos sentimientos, le imparto a usted, a los queridos prelados de Italia y
al pueblo encomendado a su solicitud pastoral, una especial bendición
apostólica.
Vaticano, 13 de mayo de 2005
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Editrice Vaticana
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