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MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI
 CON OCASIÓN DEL 25° ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN
DEL SINDICATO POLACO "SOLIDARIDAD"

 

 

Al venerado hermano
Monseñor STANISLAW DZIWISZ
Arzobispo metropolitano de Cracovia


Han pasado veinticinco años desde los días memorables en que los obreros del astillero de Gdansk y, a continuación, de los demás establecimientos industriales, iniciaron el movimiento sindical que tomó el nombre de "Solidaridad". En conexión con esta fecha, pongo en las manos de su excelencia, como mi enviado para las solemnidades jubilares, mi saludo a los que activamente participaron en aquellos acontecimientos y a quienes hoy hacen referencia a ese patrimonio del movimiento obrero polaco.

Todos somos conscientes del gran significado que tuvo la fundación de este sindicato en las vicisitudes de Polonia y en la historia de toda Europa. No sólo produjo de modo pacífico en Polonia cambios políticos inimaginables, introduciendo al pueblo polaco en el camino de la libertad y la democracia, sino que también indicó a los demás pueblos del ex bloque oriental la posibilidad de reparar la injusticia histórica por la que habían sido abandonados tras el "telón de acero". Sé cuánto se esforzó mi gran predecesor, el siervo de Dios Juan Pablo II, porque se hiciera realidad este acto de justicia histórica y Europa pudiera respirar con sus dos pulmones, el occidental y el oriental. Sé que sostuvo al sindicato "Solidaridad" con su autoridad y, cuando fue necesario, también mediante una hábil actividad diplomática. Sé también que se trataba de una causa justa, y la mejor prueba es la caída del muro de Berlín y la entrada en la Unión europea de los países que se habían quedado detrás de ella después de la segunda guerra mundial.

Me congratulo con los polacos que, con el apoyo de la Iglesia, han tenido la valentía de unir los corazones, las ideas y las fuerzas, y esta unión ha dado frutos hasta ahora en toda Europa. Deseo de corazón que todos, tanto las familias como cada uno de los ciudadanos, no sólo gocen de la libertad, sino también del bienestar económico del país. Le ruego que transmita mi saludo a las autoridades de la República, a los antiguos y a los actuales activistas del sindicato independiente "Solidaridad", así como a los demás participantes en la solemnidad jubilar. A todos imparto mi bendición:  en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Castelgandolfo, 23 de agosto de 2005

 

© Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana

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