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MENSAJE DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
Al honorable En efecto, la visita de mi amado predecesor al Parlamento italiano no tenía precedentes, y pudo realizarse gracias a la consolidación de una visión serena de las relaciones entre Iglesia y Estado, con la conciencia —a la que aludió el Pontífice en su discurso— de los "impulsos muy positivos" que de esas relaciones se han derivado, a lo largo del tiempo, tanto para la Iglesia como para la nación italiana (n. 2: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 22 de noviembre de 2002, p. 6). Por tanto, en este feliz aniversario sólo tengo que desear que ese espíritu de colaboración sincera y leal se profundice cada vez más. Al asegurar el constante compromiso de la Santa Sede en este sentido, quisiera reafirmar una vez más que la Iglesia, en Italia y en cualquier país, así como en las diversas instancias internacionales, no pretende reivindicar para sí ningún privilegio, sino sólo tener la posibilidad de cumplir su misión, dentro del respeto de la legítima laicidad del Estado. Por lo demás, bien entendida, esta no está en contraste con el mensaje cristiano, sino que más bien tiene una deuda con él, como saben bien los estudiosos de la historia de la civilización. Confío en que los ilustres miembros del Parlamento italiano sigan honrando
también en el futuro la memoria del fallecido Papa Juan Pablo II, inspirándose
activamente en sus enseñanzas y promoviendo la formación de la persona humana,
la cultura, la familia, la escuela, un empleo pleno y digno, con una atención
solícita a los más débiles y a las antiguas y nuevas pobrezas. Vaticano, 18 de octubre de 2005.
BENEDICTUS PP. XVI
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.47 p.4.
© Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana
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