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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A SU SANTIDAD
BARTOLOMÉ I, PATRIARCA ECUMÉNICO DE CONSTANTINOPLA
A Su Santidad BARTOLOMÉ I
Arzobispo de Constantinopla
Patriarca ecuménico
"¡Que la gracia del Señor Jesús sea con vosotros! Os amo a todos en Cristo
Jesús" (1 Co 16, 23-24).
Con gran alegría escribo a Su Santidad, con ocasión de la fiesta de san Andrés,
apóstol y hermano de san Pedro.
La delegación que le envío, encabezada por el presidente del Consejo pontificio
para la promoción de la unidad de los cristianos, su eminencia cardenal Walter
Kasper, le lleva el más afectuoso saludo fraterno de la Iglesia de Roma. Aunque
yo mismo habría deseado estar presente para asegurarle personalmente mi afecto
en el Señor y orar con usted, le transmito mi ferviente esperanza de una
comunión cada vez más profunda, que supere los obstáculos que aún permanecen
entre nosotros y nos permita celebrar juntos la santa Eucaristía, el único
sacrificio de Cristo para la vida del mundo.
Este año conmemoramos el cuadragésimo aniversario del 7 de diciembre de 1965,
día en que el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras, desaprobando lo que había
ocurrido en 1054, decidieron juntos, en Roma y Constantinopla, "cancelar de la
memoria de la Iglesia la sentencia de excomunión que había sido pronunciada".
Ese acontecimiento trascendental se transformó en la base de una renovada
relación marcada por el respeto recíproco y la reconciliación. Recordamos con
alegría las palabras inspiradas que pronunció aquel día, en la catedral de El
Fanar, el amado Patriarca Atenágoras: "Dios es amor (1 Jn 4, 9): el
amor es el signo de los discípulos de Cristo dado por Dios, la fuerza
unificadora de su Iglesia, y en ella el principio de paz, de concordia y de
orden, como perpetua y espléndida manifestación del Espíritu Santo" (Respuesta
a la Declaración común, 7 de diciembre de 1965).
En efecto, esta cancelación marcó el comienzo de una nueva etapa de la vida
eclesial, una época de diálogo, en la que se ha visto un significativo progreso,
pero que debe afrontar el desafío de continuar la búsqueda rigurosa de sus
objetivos tan valiosos. A este respecto, es fuente de gran satisfacción para mí
que, después de una pausa de algunos años, se reanude nuestro diálogo teológico.
Pido a Dios que realmente dé fruto y confío en que no se escatime ningún
esfuerzo para lograrlo. El que pone su mano en el arado no debe volver atrás (cf.
Lc 9, 62). Más bien, debe perseverar y completar su obra, sembrando la
semilla y confiando en la abundante cosecha que Dios, en su bondad,
proporcionará. Atento, pues, a lo que el Espíritu dice sobre las necesidades de
las Iglesias hoy y en el futuro, aseguro a Su Santidad y al Santo Sínodo, y a
través de vosotros a todas las Iglesias ortodoxas, que la Iglesia católica sigue
comprometida irrevocablemente a promover toda iniciativa adecuada y útil para
fortalecer la caridad, la solidaridad y el diálogo teológico entre nosotros.
En la alegría de la fiesta de San Andrés, santo custodio de la Iglesia de
Constantinopla, renuevo a Su Santidad mi amor fraterno y le envío mi saludo
afectuoso en el abrazo de la paz.
Vaticano, 26 de noviembre de 2005
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