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MENSAJE DEL PAPA
BENEDICTO XVI EN EL 89° ANIVERSARIO DE LA APARICIÓN DE LA VIRGEN DE FÁTIMA Y
EL 25° DEL ATENTADO A JUAN PABLO II
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Al venerado hermano
Señor cardenal
CAMILLO RUINI
Vicario general
para la diócesis de Roma
Con alegría me uno a los que se reúnen hoy en la plaza de San Pedro en torno a
la imagen de la Virgen de Fátima, para encomendar a la intercesión de María las
principales intenciones de la Iglesia y del mundo.
Hace veinticinco años, en la misma plaza de San Pedro, fue gravemente herido el
siervo de Dios Juan Pablo II: una lápida de mármol blanco, puesta en el lugar
exacto del atentado por encargo del Gobierno del Estado de la Ciudad del
Vaticano, recordará desde ahora en adelante ese dramático acontecimiento.
Saludo a todos con afecto y, en primer lugar, a los venerados hermanos
cardenales y obispos presentes, a la vez que agradezco de corazón a los que han
ideado y realizado esta iniciativa, que demuestra cuánto se siente la presencia
de María y cuán vivo es el recuerdo del amado Juan Pablo II en la Iglesia,
especialmente en la comunidad cristiana de Roma.
Que María vele sobre los pastores y sobre el pueblo cristiano; que guíe los
pasos de las naciones hacia el pleno cumplimiento de la voluntad del Señor y
obtenga para todos la paz: paz en los corazones, en las familias y entre los
pueblos. Que el mensaje de Fátima sea cada vez más acogido, comprendido y vivido
en todas las comunidades.
Con estos sentimientos, le imparto a usted, venerado hermano, y a todos los
presentes mi afectuosa bendición. Que la Madre de Cristo proteja a la ciudad
de Roma, a la Iglesia y al mundo entero.
Vaticano, 13 de mayo de 2006
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana
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