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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI CON
OCASIÓN DEL 90
ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE VERDÚN
A su excelencia
Monseñor François MAUPU
Obispo de Verdún
Con ocasión del 90° aniversario de la batalla de Verdún, que celebráis este 11
de noviembre juntamente con su excelencia monseñor Leo Schwarz, obispo auxiliar
emérito de Tréveris, que preside la misa, me uno de buen grado con la oración a
todas las personas reunidas, implorando de Dios el don de la paz y la valentía
para una concordia y una fraternidad cada vez más intensas entre Francia y
Alemania. La Eucaristía, mediante la cual celebramos la victoria de Cristo sobre
la muerte, nos muestra que Dios es más fuerte que todos los poderes oscuros de
la historia, que el amor es más fuerte que el odio, y que, como dice san Pablo,
Cristo, por medio de su cruz, derribó el muro del odio para reconciliar a los
hombres entre sí (cf. Ef 2, 14-17).
Debemos dar gracias por el camino recorrido desde la época de los grandes
conflictos mundiales que ensangrentaron a Europa, causando numerosas víctimas.
Hoy nos corresponde a nosotros hacer que no sea inútil el sacrificio de los
hombres caídos en los campos de batalla por amor a su patria. Los restos de
todos los muertos, sin distinción de nacionalidad, descansan ahora en el osario
de Douaumont, gracias a su predecesor, monseñor Ginisty, que tomó la iniciativa,
mandando grabar en el frontispicio del edificio la palabra que resume todo:
Pax.
En una nota del 1 de agosto de 1917, enviada a las autoridades de los pueblos
beligerantes, mi predecesor el Papa Benedicto XV propuso una paz duradera y, al
mismo tiempo, hizo un apremiante llamamiento a cesar lo que llamaba una "matanza
inútil". Verdún, momento sombrío de la historia del continente, debe permanecer
en la memoria de los pueblos como un acontecimiento que no se debe olvidar ni
revivir jamás, invitando a franceses y alemanes, e incluso a todos los europeos,
a mirar al futuro y a fundar sus relaciones en la fraternidad, la solidaridad y
la amistad entre los pueblos.
Ojalá que nuestros contemporáneos, especialmente las generaciones jóvenes,
aprovechen todas las lecciones de la historia y, basándose en las raíces y los
valores cristianos que han contribuido ampliamente a forjar la Europa de las
naciones y la Europa de los pueblos, se esfuercen por crear vínculos de
fraternidad y de caridad entre ellos, para el bien de todos y el desarrollo de
los países, preocupándose por los más pobres y los más pequeños.
Verdún es también uno de los símbolos de la reconciliación entre dos grandes
naciones europeas en otro tiempo enemigas, que invita a todos los países en
guerra a realizar ese mismo gesto, que constituye la alegría de las personas,
puesto que sólo la reconciliación permite construir el futuro y esperar. Sólo la
reconciliación y el perdón recíproco pueden llevar a una paz verdadera. Aunque
provienen de un espíritu cristiano, pertenecen también a los criterios de la
acción política. Esta es hoy la responsabilidad de los dirigentes, de los
pueblos de Europa y de todas las naciones.
Encomendándolo a la intercesión de Nuestra Señora, venerada en todas las
naciones europeas bajo múltiples advocaciones, y de san Martín, le imparto a
usted, así como a monseñor Schwarz, a los sacerdotes, a los diáconos, a los
religiosos, a las religiosas, a los fieles laicos y a todos sus diocesanos, la
bendición apostólica.
Vaticano, 21 de octubre de 2006
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