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MENSAJE  DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
EN EL 80° ANIVERSARIO DE LA PROCLAMACIÓN
DE SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS
COMO PATRONA DE LAS MISIONES

 

 

Al señor cardenal
IVAN DIAS
Prefecto de la Congregación
para la evangelización de los pueblos

La Peregrinación de Lisieux y los servicios de cooperación misionera de la Conferencia episcopal de Francia han querido que el año 2007 en Lisieux fuera un Año de la misión, con el fin de recordar a todas las comunidades cristianas y a todos los fieles que van en peregrinación siguiendo las huellas de santa Teresa de Lisieux que, a ejemplo de las primeras comunidades cristianas, deben interesarse sin cesar por la misión, a fin de que Cristo sea conocido y amado por doquier.

Con este espíritu, hace cincuenta años, el Papa Pío XII dio a la Iglesia la encíclica Fidei donum. No hay que olvidar que hace ochenta años, el 14 de diciembre de 1927, respondiendo a peticiones provenientes de todo el mundo, el Papa Pío XI proclamó a santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, humilde carmelita, patrona de las misiones juntamente con san Francisco Javier.

El 21 de abril de 1957, el Papa Pío XII, retomando una de las preocupaciones del comienzo de su pontificado, invitó a los cristianos a una atención renovada por las misiones hasta los confines de la tierra, manifestando que era necesaria la colaboración de toda la Iglesia para la difusión del Evangelio.

Con este mismo espíritu, conociendo la solicitud de los servicios misioneros de la Iglesia que está en Francia, también yo deseo que las vocaciones misioneras de sacerdotes, de personas consagradas y de laicos sigan desarrollándose, a ejemplo de todas las personas que se comprometieron en todos los continentes durante el siglo pasado. Que el Señor infunda en el corazón de numerosos jóvenes europeos el deseo de prodigarse sin medida para anunciar la salvación traída por Cristo, principalmente en África, en América del sur, en Asia y en Oceanía.

Por su parte, santa Teresa de Lisieux, sin salir jamás de su Carmelo, mediante su oración contemplativa y la correspondencia mantenida con sacerdotes —el abad Bellière y el padre Roulland—, vivió, a su manera, un auténtico espíritu misionero, acompañando a cada uno en su servicio al Evangelio y dando al mundo un nuevo camino espiritual, que le  valió el título de doctora de la Iglesia, hace exactamente diez años. Desde Pío XII hasta nuestros días, los Papas no han dejado de recordar el vínculo que existe entre oración, caridad y acción en la misión de la Iglesia, para que, como señala también el concilio Vaticano II, "la totalidad del mundo se transforme en pueblo de Dios, cuerpo del Señor y templo del Espíritu" (Lumen gentium, 17).

Por consiguiente, deseo que las celebraciones que tienen lugar en Lisieux durante este Año de la misión confirmen en todos los bautizados su sentido misionero, mediante la oración, el testimonio de vida y el compromiso cristiano en todas sus formas, para que todos los fieles sean misioneros donde viven, y para que surjan también vocaciones para el anuncio del Evangelio a los hombres que aún no lo conocen.

Pidiendo a la Virgen María, Madre de la Iglesia, y a santa Teresa del Niño Jesús que obtengan numerosos frutos espirituales para este Año de la misión, durante el cual todos los fieles están invitados a cooperar más estrechamente en el anuncio gozoso del Evangelio, le imparto de todo corazón la bendición apostólica a usted, señor cardenal, así como a los obispos presentes, a los peregrinos de Lisieux y a sus familias, al igual que a los laicos que participan activamente en la organización de este Año.

Vaticano, 12 de septiembre de 2007

 

© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana

 

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