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CARTA DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
CON LA QUE CONFIRMA AL CARDENAL TARCISIO BERTONE
COMO SECRETARIO DE ESTADO
Al Venerado y querido hermano
el señor cardenal Tarcisio Bertone
Con la fina sensibilidad que le caracteriza, usted, al cumplirse
su 75 cumpleaños, ha querido volver a poner en mis manos el mandato de
secretario de Estado. Deseo ante todo agradecer al Señor, junto con usted, el
bien realizado en tantos años de su ministerio sacerdotal y episcopal.
En la presente circunstancia, con vivo reconocimiento, quiero
recordar el largo camino de nuestra colaboración, iniciada con su trabajo como
consultor de la Congregación para la doctrina de la fe. Pienso también en el
delicado trabajo que usted ha realizado para construir el diálogo con monseñor
Marcel Lefèbvre y no olvidaré nunca la visita a Vercelli, que para mí fue motivo
de un renovado encuentro con un gran testigo de la fe, san Eusebio de Vercelli.
Llamado por mi amado predecesor a prestar servicio en la Curia romana, usted
desempeñó con competencia y generosa dedicación la función de secretario de la
Congregación para la doctrina de la fe. Fueron años intensos y arduos, durante
los cuales nacieron documentos de gran importancia doctrinal y disciplinaria.
Siempre he admirado su "sensus fidei", su preparación doctrinal y canónica y su
"humanitas", que nos ha ayudado mucho a vivir en la Congregación para la
doctrina de la fe un clima de auténtica familiaridad, unida a una decidida y
determinada disciplina de trabajo.
Todas estas cualidades son el motivo que me llevó, en el verano de 2006, a la
decisión de nombrarlo mi secretario de Estado y son la razón por la cual en el
futuro tampoco quiero renunciar a su valiosa colaboración.
Quiero, por tanto, señor cardenal, desearle ahora todo bien y prosperidad en el
Señor, invocando la abundancia de la Gracia divina sobre su ministerio de
estrecho colaborador mío.
Mientras lo encomiendo, por último, a la especial protección e intercesión de
María Auxiliadora y de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, le imparto de
corazón, deseando abundantes recompensas divinas, la bendición apostólica, que
extiendo de buen grado a sus seres más queridos y cercanos.
Vaticano, 15 de enero de 2010.
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