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VIDEOMENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LA VELADA CONCLUSIVA DEL "ATRIO DE LOS GENTILES"
ORGANIZADA EN PARÍS POR EL CONSEJO PONTIFICIO
DE LA CULTURA
Viernes 25 de marzo de 2011
Queridos jóvenes, queridos amigos:
Sé que os habéis reunido en gran número en el atrio de Notre-Dame de París,
siguiendo la invitación del cardenal André Vingt-Trois, Arzobispo de París, y
del cardenal Gianfranco Ravasi, Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura.
Os saludo a todos, sin olvidar a los hermanos y amigos de la Comunidad de Taizé.
Doy las gracias al Pontificio Consejo por haber acogido y dado curso a mi
invitación de abrir en la Iglesia "atrios de los gentiles", una imagen que evoca
el espacio abierto en la amplia explanada junto al Templo de Jerusalén, que
permitía a todos los que no compartían la fe de Israel acercarse al Templo e
interrogarse sobre la religión. En aquel lugar podían encontrarse con los
escribas, hablar de la fe e incluso rezar al Dios desconocido. Y si, en aquella
época, el atrio era al mismo tiempo un lugar de exclusión, ya que los "gentiles"
no tenían derecho a entrar en el espacio sagrado, Cristo Jesús vino para "derribar
el muro que separaba" a judíos y gentiles. "Reconcilió con Dios a los dos
pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al
odio. Vino y trajo la noticia de la paz…", como San Pablo nos dice (cf.
Ef 2, 14-17).
En el corazón de la Ciudad de las Luces, frente a esta magnífica obra maestra
de la cultura religiosa francesa, Notre-Dame de París, se abre un gran atrio
para dar un nuevo impulso al encuentro respetuoso y amistoso entre personas de
convicciones diferentes. Vosotros jóvenes, creyentes y no creyentes, igual que
en la vida cotidiana, esta noche queréis estar juntos para reuniros y hablar de
los grandes interrogantes de la existencia humana. Hoy en día, muchos reconocen
que no pertenecen a ninguna religión, pero desean un mundo nuevo y más libre,
más justo y más solidario, más pacífico y más feliz. Al dirigirme a vosotros,
tengo en cuenta todo lo que tenéis que deciros: los no creyentes queréis
interpelar a los creyentes, exigiéndoles, en particular, el testimonio de una
vida que sea coherente con lo que profesan y rechazando cualquier desviación de
la religión que la haga inhumana. Los creyentes queréis decir a vuestros amigos
que este tesoro que lleváis dentro merece ser compartido, merece una pregunta,
merece que se reflexione sobre él. La cuestión de Dios no es un peligro para la
sociedad, no pone en peligro la vida humana. La cuestión de Dios no debe estar
ausente de los grandes interrogantes de nuestro tiempo.
Queridos amigos, tenéis que construir puentes entre vosotros. Aprovechad la
oportunidad que se os presenta para descubrir en lo más profundo de vuestras
conciencias, a través de una reflexión sólida y razonada, los caminos de un
diálogo precursor y profundo. Tenéis mucho que deciros unos a otros. No cerréis
vuestras conciencias a los retos y problemas que tenéis ante vosotros.
Estoy profundamente convencido de que el encuentro entre la realidad de la fe
y de la razón permite que el ser humano se encuentre a sí mismo. Pero muy a
menudo la razón se doblega a la presión de los intereses y a la atracción de lo
útil, obligada a reconocer esto como criterio último. La búsqueda de la verdad
no es fácil. Y si cada uno está llamado a decidirse con valentía por la verdad
es porque no hay atajos hacia la felicidad y la belleza de una vida plena. Jesús
lo dice en el Evangelio: "La verdad os hará libres".
Queridos jóvenes, es tarea vuestra lograr que en vuestros países y en Europa
creyentes y no creyentes reencuentren el camino del diálogo. Las religiones no
pueden tener miedo de una laicidad justa, de una laicidad abierta que permita a
cada uno y a cada una vivir lo que cree, de acuerdo con su conciencia. Si se
trata de construir un mundo de libertad, igualdad y fraternidad,
creyentes y no creyentes tienen que sentirse libres de serlo, iguales
en sus derechos de vivir su vida personal y comunitaria con fidelidad a sus
convicciones, y tienen que ser hermanos entre sí. Un motivo fundamental
de este atrio de los Gentiles es promover esta fraternidad más allá de las
convicciones, pero sin negar las diferencias. Y, más profundamente aún,
reconociendo que sólo Dios, en Cristo, libera interiormente y nos permite
reencontrarnos en la verdad como hermanos.
La primera actitud que hay que tener o las acciones que podéis realizar
conjuntamente es respetar, ayudar y amar a todo ser humano, porque es criatura
de Dios y en cierto modo el camino que conduce a Él. Continuando lo que estáis
viviendo esta noche, contribuid a derribar los muros del miedo al otro, al
extranjero, al que no se os parece, miedo que nace a menudo del desconocimiento
mutuo, del escepticismo o de la indiferencia. Procurad estrechar lazos con todos
los jóvenes sin distinción alguna, es decir, sin olvidar a los que viven en la
pobreza o en la soledad, a los que sufren por culpa del paro, padecen una
enfermedad o se sienten al margen de la sociedad.
Queridos jóvenes, no es sólo vuestra experiencia de vida lo que podéis
compartir, también vuestro modo de orar. Creyentes y no creyentes, presentes en
este atrio del Desconocido, estáis invitados a entrar también en el espacio
sagrado, a franquear el magnífico pórtico de Notre-Dame y entrar en la catedral
para hacer un rato de oración. Esta oración será para algunos de vosotros una
oración a un Dios conocido por la fe, pero también puede ser para otros una
oración al Dios Desconocido. Queridos jóvenes no creyentes, uniéndoos a aquellos
que en Notre-Dame están rezando, en este día de la Anunciación del Señor, abrid
vuestros corazones a los textos sagrados, dejaos interpelar por la belleza de
los cantos, y si realmente lo deseáis, dejad que los sentimientos que hay dentro
de vosotros se eleven hacia el Dios Desconocido.
Me alegro de haber podido dirigirme a vosotros esta noche en esta
inauguración del atrio de los Gentiles. Espero que respondáis también a otras
convocatorias que os propongo, especialmente a la Jornada Mundial de la Juventud,
que se celebrará este verano en Madrid. El Dios que los creyentes aprenden a
conocer os invita a descubrirlo y vivir con Él cada vez más. ¡No tengáis miedo!
Caminando juntos hacia un mundo nuevo, buscad al Absoluto y buscad a Dios,
incluso vosotros para quien Dios es el Dios Desconocido. Y que Aquel que ama a
todos y a cada uno de vosotros os bendiga y os guarde. Él cuenta con vosotros
para cuidar de los demás y del futuro. También vosotros podéis contar con Él.
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Editrice Vaticana
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