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VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
A TURQUÍA
(28 DE NOVIEMBRE - 1 DE DICIEMBRE 2006)

DECLARACIÓN COMÚN
DEL PAPA BENEDICTO XVI
Y DEL PATRIARCA ECUMÉNICO BARTOLOMÉ I

 

"Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo" (Sal 117, 24)

El encuentro fraterno que hemos mantenido, nosotros, Benedicto XVI, Papa de Roma, y Bartolomé I, Patriarca ecuménico, es obra de Dios y, además, un don que procede de él. Damos gracias al Autor de todo bien por habernos permitido expresar una vez más, en la oración y el diálogo, la alegría de sentirnos hermanos y renovar nuestro compromiso con vistas a la comunión plena. Este compromiso proviene de la voluntad de nuestro Señor y de nuestra responsabilidad de pastores en la Iglesia de Cristo. Quiera Dios que este encuentro sea para nosotros signo y estímulo a compartir los mismos sentimientos y las mismas actitudes de fraternidad, cooperación y comunión en la caridad y en la verdad. El Espíritu Santo nos ayudará a preparar el gran día del restablecimiento de la unidad plena, cuando y como Dios lo quiera. Entonces podremos alegrarnos y regocijarnos plenamente.

1. Hemos recordado con gratitud los encuentros de nuestros venerados predecesores, bendecidos por Dios, los cuales mostraron al mundo la urgencia de la unidad y trazaron senderos seguros para llegar a ella con el diálogo, la oración y la vida eclesial cotidiana. El Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras I, peregrinos en Jerusalén, en el lugar mismo donde Jesucristo murió y resucitó para la salvación del mundo, se encontraron después de nuevo aquí, en el Fanar, y en Roma. Nos legaron una declaración común que conserva todo su valor, destacando que el verdadero diálogo de la caridad debe sostener e inspirar todas las relaciones entre las personas y entre las Iglesias mismas, "debe basarse en una fidelidad plena al único Señor Jesucristo y en un respeto mutuo de sus respectivas tradiciones" (Tomos Agapis, 195). Tampoco hemos olvidado el intercambio de visitas entre Su Santidad el Papa Juan Pablo II y Su Santidad el Patriarca Dimitrios I. Precisamente durante la visita del Papa Juan Pablo II, su primera visita ecuménica, se anunció la creación de la Comisión mixta para el diálogo teológico entre la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa. En ella participan nuestras Iglesias con la finalidad declarada de restablecer la comunión plena.

Por lo que respecta a las relaciones entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla, no podemos olvidar el solemne acto oficial con el que se relegó al olvido los antiguos anatemas, que durante siglos han influido negativamente en las relaciones entre nuestras Iglesias. No hemos sacado aún de este acto todas las consecuencias positivas que se pueden derivar para nuestro camino hacia la unidad plena, al que la Comisión mixta está llamada a dar una importante aportación. Exhortamos a nuestros fieles a participar activamente en este proceso con la oración y con gestos significativos.

2. Durante la sesión plenaria de la Comisión mixta para el diálogo teológico, que tuvo lugar recientemente en Belgrado y que contó con la generosa hospitalidad de la Iglesia ortodoxa serbia, expresamos nuestra profunda alegría por la reanudación del diálogo teológico. Después de una interrupción de varios años debida a diversas dificultades, la Comisión ha podido trabajar nuevamente con espíritu de amistad y de cooperación. Examinando el tema "Conciliaridad y autoridad en la Iglesia" en el ámbito local, regional y universal, ha emprendido una fase de estudio sobre las consecuencias eclesiológicas y canónicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia. Eso permitirá afrontar algunas de las principales cuestiones todavía controvertidas. Estamos decididos a apoyar incesantemente, como en el pasado, el trabajo encomendado a esta Comisión y acompañamos a sus miembros con nuestras oraciones.

3. Como pastores, hemos reflexionado ante todo sobre la misión de anunciar el Evangelio en el mundo de hoy. Esta misión, "Id pues y haced discípulos a todas las gentes" (Mt 28, 19), es más actual y necesaria que nunca, incluso en los países tradicionalmente cristianos. Además, no podemos ignorar el aumento de la secularización, del relativismo, incluso del nihilismo, sobre todo en el mundo occidental. Todo esto exige un renovado y vigoroso anuncio del Evangelio, adaptado a las culturas de nuestro tiempo. Nuestras tradiciones son para nosotros un patrimonio que debemos compartir, promover y actualizar continuamente. Por ello debemos fortalecer la cooperación y nuestro testimonio común ante todas las naciones.

4. Hemos valorado positivamente el camino hacia la formación de la Unión Europea. Los promotores de esta gran iniciativa han de tener en cuenta todos los aspectos que afectan a la persona humana y a sus derechos inalienables, especialmente la libertad religiosa, testigo y garante del respeto de todas las demás libertades. En toda iniciativa de unificación es necesario proteger a las minorías con sus propias tradiciones culturales y sus peculiaridades religiosas. En Europa, manteniéndonos abiertos a las demás religiones y a su aportación a la cultura, debemos unir nuestros esfuerzos para preservar las raíces, las tradiciones y los valores cristianos, con el fin de garantizar el respeto de la historia y contribuir a la cultura de la Europa futura, a la calidad de las relaciones humanas en todos los aspectos. En este contexto, no podemos dejar de evocar los antiquísimos testimonios y el ilustre patrimonio cristiano de la tierra donde tiene lugar nuestro encuentro, comenzando por las palabras del libro de los Hechos de los Apóstoles que recuerdan la figura de san Pablo, el Apóstol de los gentiles. En esta tierra se fundieron el mensaje del Evangelio y la antigua tradición cultural. Este vínculo, que tanto ha contribuido a nuestra herencia cristiana común, sigue siendo actual y continuará dando frutos en el futuro para la evangelización y para nuestra unidad.

5. Hemos dirigido nuestra mirada a los lugares del mundo actual donde viven cristianos, y a las dificultades que deben afrontar, especialmente la pobreza, las guerras y el terrorismo, pero también las diversas formas de explotación de los pobres, de los emigrantes, de las mujeres y de los niños. Estamos llamados a emprender juntos acciones en favor del respeto de los derechos del hombre, de todo ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, así como en favor de su desarrollo económico, social y cultural. Nuestras tradiciones teológicas y éticas pueden ofrecer una base sólida a la predicación y la acción comunes. Ante todo deseamos afirmar que matar a personas inocentes en nombre de Dios es una ofensa contra él y contra la dignidad humana. Todos debemos comprometernos en un renovado servicio al hombre y en la defensa de la vida humana, de toda vida humana.

Nos preocupa mucho la paz en Oriente Próximo, donde nuestro Señor vivió, sufrió, murió y resucitó, y donde viven desde hace muchos siglos multitud de hermanos cristianos. Deseamos ardientemente que se restablezca la paz en esa tierra, que se fortalezca la convivencia cordial entre sus diversas poblaciones, entre las Iglesias, y entre las diferentes religiones que allí se encuentran.
Para ello impulsamos el desarrollo de relaciones más estrechas entre los cristianos y un diálogo interreligioso auténtico y leal, para luchar contra toda forma de violencia y discriminación.

6. En la actualidad, ante los grandes peligros para el medio ambiente, queremos expresar nuestra preocupación por las consecuencias negativas para la humanidad y para toda la creación que pueden derivarse de un progreso económico y tecnológico que no reconoce sus límites. Como líderes religiosos, consideramos que uno de nuestros deberes consiste en estimular y sostener todos los esfuerzos que se han realizado para proteger la creación de Dios y para entregar a las futuras generaciones una tierra en la que puedan vivir.

7. Por último, nuestro pensamiento se dirige a todos vosotros, fieles de nuestras Iglesias en todo el mundo, obispos, presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas, hombres y mujeres laicos comprometidos en un servicio eclesial, y a todos los bautizados. Saludamos en Cristo a los demás cristianos, asegurándoles nuestra oración y nuestra disposición para el diálogo y la colaboración.

Os saludamos a todos con las palabras del Apóstol de los gentiles: "A vosotros gracia y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo" (2 Co 1, 2).

El Fanar, 30 de noviembre de 2006

BENEDICTO XVI       BARTOLOMÉ I

© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana

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