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DISCURSO DEL PAPA BENEDICTO XVI
A LA FUNDACIÓN JUAN PABLO II


Lunes 23 de octubre de 2006

 

Ilustres señores y señoras: 

Os saludo cordialmente a todos vosotros, que habéis venido a Roma para celebrar solemnemente el 25° aniversario de la Fundación Juan Pablo II.

Agradezco al señor cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo metropolitano de Cracovia, las palabras que me acaba de dirigir. Saludo al señor cardenal Adam Maida y a todos los arzobispos y obispos aquí presentes. Asimismo, saludo al consejo de la Fundación, encabezado por su presidente, el arzobispo Szczepan Wesoly, a los directores de cada una de las instituciones de la Fundación, así como a los presidentes y a los miembros de los Círculos de amigos de la Fundación, que han venido de diversos países del mundo.

Me alegra dar la bienvenida hoy a los representantes de quienes en todo el mundo se esfuerzan por mantener vivo el recuerdo de Juan Pablo II, de su enseñanza y de la obra apostólica que realizó a lo largo de su pontificado. Y es preciso decir que se trata de un esfuerzo realmente prometedor, porque no consiste sólo en una labor de archivo o investigación, sino que afecta al misterio de la santidad del siervo de Dios.

Gracias a vuestro apoyo espiritual y económico, la Fundación continúa la actividad marcada por los Estatutos tanto en el campo cultural y científico como en el social y pastoral. Recoge la documentación relativa al pontificado de Juan Pablo II; estudia y difunde la enseñanza pontificia y el magisterio de la Iglesia, estableciendo contactos y colaborando con los centros científicos y artísticos polacos e internacionales.

Esta actividad de la Fundación asume un nuevo significado después de la muerte del Pontífice. La recolección de los escritos pontificios y de la rica documentación de la actividad de la Santa Sede, así como de las obras literarias y de los comentarios presentados en los medios de comunicación social, ciertamente es un archivo completo, muy organizado, y constituye una base para el estudio atento y profundo del patrimonio espiritual de Juan Pablo II.

Hoy quisiera subrayar precisamente esta dimensión de la actividad de la Fundación, porque es de suma importancia:  el estudio del pontificado. Juan Pablo II, filósofo y teólogo, gran pastor de la Iglesia, dejó una gran riqueza de escritos y gestos que expresan su deseo de difundir el Evangelio de Cristo en el mundo, usando los métodos indicados por el concilio Vaticano II, y de trazar las líneas de desarrollo de la vida de la Iglesia en el nuevo milenio. Estos dones valiosos no pueden caer en el olvido. A vosotros, queridos miembros y amigos de la Fundación Juan Pablo II, os encomiendo hoy la tarea de profundizar y transmitir a las futuras generaciones la riqueza de su mensaje.

Por último, una obra de particular importancia es la ayuda que se ofrece a los jóvenes, sobre todo a los de Europa centro-oriental, para que consigan los diferentes grados de instrucción en los diversos campos del saber.

Expreso mi gratitud a todos los que, en el arco de estos veinticinco años, han sostenido de varias maneras la actividad de la Fundación y a los que han dirigido esa actividad con sabiduría y entrega.
Os pido que no dejéis de realizar esta obra buena. Es necesario que continúe desarrollándose. Que el esfuerzo común, sostenido por la ayuda de Dios, siga produciendo frutos magníficos.

Os manifiesto mi agradecimiento por haber venido y por este encuentro. ¡Que Dios os bendiga!

 

© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana

 

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