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VÍA CRUCIS EN EL COLISEO
DISCURSO DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
Viernes Santo, 6 de abril de 2007
Queridos hermanos y hermanas:
Siguiendo a Jesús en el camino de su pasión, no sólo vemos la pasión de Jesús;
también vemos a todos los que sufren en el mundo. Y esta es la profunda
intención de la oración del vía crucis: abrir nuestro corazón, ayudarnos a ver
con el corazón.
Los Padres de la Iglesia consideraban que el mayor pecado del mundo pagano era
su insensibilidad, su dureza de corazón, y citaban con frecuencia la profecía
del profeta Ezequiel: "Os quitaré el corazón de piedra y os daré un corazón de
carne" (cf. Ez 36, 26). Convertirse a Cristo, hacerse cristiano, quería
decir recibir un corazón de carne, un corazón sensible ante la pasión y el
sufrimiento de los demás.
Nuestro Dios no es un Dios lejano, intocable en su bienaventuranza. Nuestro Dios
tiene un corazón; más aún, tiene un corazón de carne. Se hizo carne precisamente
para poder sufrir con nosotros y estar con nosotros en nuestros sufrimientos. Se
hizo hombre para darnos un corazón de carne y para despertar en nosotros el amor
a los que sufren, a los necesitados.
Oremos ahora al Señor por todos los que sufren en el mundo. Pidamos al Señor que
nos dé realmente un corazón de carne, que nos haga mensajeros de su amor, no
sólo con palabras, sino también con toda nuestra vida. Amén.
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
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