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DISCURSO DEL PAPA BENEDICTO XVI
A LOS MUCHACHOS Y MUCHACHAS
DE LA ACCIÓN CATÓLICA ITALIANA


Jueves 20 de diciembre de 2007

 

Queridos muchachos y muchachas de la A.C.R.: 

Con gran alegría os doy la bienvenida. Vuestra visita hoy a la casa del Papa indica que ya se acerca la gran fiesta de la santa Navidad, una fiesta muy esperada, especialmente por vosotros, los muchachos. Os saludo con afecto a cada uno, a la vez que os agradezco los sentimientos y las oraciones que me habéis asegurado en nombre de vuestros amigos de la A.C.R. y de toda la gran familia de la Acción católica italiana.

Un saludo particular dirijo al presidente nacional, profesor Luigi Alici; al obispo Domenico Sigalini, al que nombré hace poco consiliario general de la Acción católica; así como al responsable y al consiliario de la A.C.R. y a sus colaboradores, extendiéndolo a todos los que se encargan de vuestra formación humana, espiritual y apostólica.

Me ha complacido que hace unos momentos hayáis citado a una niña, Antonia Meo, llamada Nennolina. Precisamente hace tres días decreté el reconocimiento de sus virtudes heroicas y espero que pronto se concluya felizmente su causa de beatificación. ¡Qué ejemplo tan luminoso dejó esta pequeña coetánea vuestra! Nennolina, niña romana, en su brevísima vida —sólo seis años y medio— demostró una fe, una esperanza y una caridad especiales, así como las demás virtudes cristianas. Aunque era una niña frágil, logró dar un testimonio fuerte y robusto del Evangelio, y dejó una huella profunda en la comunidad diocesana de Roma. Nennolina pertenecía a la Acción católica. Seguramente hoy estaría inscrita en la A.C.R. Por eso  podéis considerarla como una amiga vuestra, un modelo en el cual inspiraros.

Su vida, tan sencilla y al mismo tiempo tan importante, demuestra que la santidad es para todas las edades:  para los niños y para los jóvenes, para los adultos y para los ancianos. Cada etapa de nuestra vida puede ser propicia para decidirse a amar en serio a Jesús y para seguirlo fielmente. En pocos años Nennolina alcanzó la cumbre de la perfección cristiana que todos estamos llamados a escalar; recorrió velozmente la "autopista" que lleva a Jesús.

Más aún, como habéis recordado vosotros mismos, Jesús es el verdadero "camino" que nos lleva al Padre y a su casa, a nuestra casa definitiva, que es el Paraíso. Como sabéis, Antonia vive ahora en Dios, y desde el cielo está cerca de vosotros: sentidla presente con vosotros,  en vuestros grupos. Aprended a conocerla y a seguir sus ejemplos. Creo que  también  ella  se alegrará de sentirse todavía "implicada" en la Acción católica.

Dado que estamos en Navidad, quiero expresaros mis mejores deseos de alegría y serenidad, pero permitid que, además de estos deseos, formule otro para todo el año que comenzaremos dentro  de poco. Lo hago tomando como punto de partida vuestro eslogan para el año 2008:  que avancéis siempre con alegría por el camino de la vida con Jesús. Él un día dijo:  "Yo soy el camino" (Jn 14, 6). Jesús es el camino que lleva a la verdadera vida, la vida que nunca termina.

Es un camino a menudo estrecho y en subida, pero para quien se deja atraer por él es siempre estupendo, como un sendero de montaña:  cuanto más se asciende, tanto más se pueden admirar desde arriba panoramas nuevos, más hermosos y más amplios. Esa subida exige esfuerzo, pero no estamos solos:  nos ayudamos unos a otros, nos esperamos,  damos  una mano a los que se quedan atrás.... Lo importante es no extraviarse, no perder el camino, pues de lo contrario corremos el peligro de caer en un abismo, de perdernos en el bosque.

Queridos muchachos, Dios se hizo hombre para mostrarnos el camino; más aún, al hacerse niño, él mismo se hizo "camino" también para vosotros, los muchachos. Fue como vosotros, tuvo vuestra edad. Seguidlo con amor, manteniendo cada día vuestra mano en la suya.

Esto que os digo a vosotros, vale igualmente para nosotros, los adultos. Por eso, deseo a toda la Acción católica italiana que avance unida y ágil por el camino de Cristo, para testimoniar en la Iglesia y en la sociedad que este camino es hermoso; es verdad que exige esfuerzo, pero lleva a la alegría verdadera.

Encomendamos este deseo, que también es oración, a la intercesión materna de María, Madre de la esperanza, Estrella de la esperanza. Ella, que esperó y preparó con ilusión el nacimiento de su Hijo Jesús, nos ayude también a nosotros a celebrar la próxima Navidad en un clima de profunda devoción e íntima alegría espiritual.

Acompaño mi más cordial felicitación con una especial bendición apostólica para vosotros, aquí presentes, para vuestros seres queridos y para toda la familia de la Acción católica. ¡Feliz Navidad!

 

© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana

 

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