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DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LA COMUNIDAD DEL
COLEGIO CAPRÁNICA EN EL 55O ANIVERSARIO DE SU FUNDACIÓN
Viernes 19 de enero
de 2007
Señor cardenal; venerados hermanos; monseñor rector; queridos alumnos del
Colegio Capránica:
Me alegra acogeros en vísperas de la fiesta de vuestra patrona, santa Inés. Os
saludo a todos con afecto, comenzando por el cardenal vicario Camillo Ruini y el
arzobispo Pio Vigo, que forman la Comisión episcopal encargada del Colegio.
Saludo al rector, monseñor Ermenegildo Manicardi. Os doy una especial
bienvenida a vosotros, queridos alumnos, que formáis parte de la comunidad del
colegio eclesiástico romano más antiguo.
En efecto, han pasado 550 años desde aquel 5 de enero de 1457, cuando el
cardenal Domenico Capránica, arzobispo de Fermo, fundó el Colegio que tomó su
nombre, destinando a él todos sus bienes y su palacio junto a Santa María en
Aquiro, para que pudiera acoger a jóvenes estudiantes llamados al sacerdocio. La
naciente institución era la primera en su género en Roma; inicialmente reservada
a los jóvenes de Roma y de Fermo, extendió luego su hospitalidad a estudiantes
de otras regiones italianas y de diversas nacionalidades.
El cardenal Capránica murió menos de dos años después, pero su fundación ya
había iniciado su camino, que ha proseguido hasta hoy, sufriendo solamente un
decenio de clausura, de 1798 a 1807, durante la así llamada República romana.
Dos Papas fueron alumnos del Colegio Capránica: durante casi cuatro años el
Papa Benedicto XV, al que con razón consideráis "parens alter" por el
especial afecto que manifestó siempre por vuestra casa, y también, durante un
tiempo más corto, el siervo de Dios Pío XII. A vuestro Colegio mostraron siempre
su benevolencia mis venerados predecesores, algunos de los cuales os visitaron
en circunstancias particulares.
Nuestro encuentro, además de celebrarse en recuerdo de santa Inés, tiene lugar
en el contexto de un significativo aniversario de vuestra institución. Desde
esta perspectiva histórica y espiritual es útil preguntarse qué motivaciones
impulsaron al cardenal Capránica a fundar esta obra providencial, y qué valor
conservan para vosotros hoy esas motivaciones.
Ante todo, conviene recordar que el fundador había tenido experiencia directa de
los colegios de las Universidades de Padua y Bolonia, en las que había
estudiado, así como de las de Siena, Florencia y Perusa. Se trataba de
instituciones surgidas para hospedar a jóvenes versados en los estudios y que no
pertenecían a familias ricas. Tomando algunos elementos de esos modelos, ideó
uno que estuviera destinado exclusivamente a la formación de los futuros
sacerdotes, con una atención preferente a los candidatos con menos recursos
económicos.
De este modo, anticipó en más de un siglo la institución de los "seminarios"
realizada por el concilio de Trento. Pero todavía no hemos puesto de relieve la
motivación de fondo de su providencial iniciativa: consiste en la convicción de
que la calidad del clero depende de la seriedad de su formación. Ahora bien, en
tiempos del cardenal Capránica faltaba una esmerada selección de los aspirantes
a las órdenes sagradas: a veces se les examinaba en literatura y canto, pero no
en teología, en moral y en derecho canónico, con las repercusiones negativas que
se pueden imaginar sobre la comunidad eclesial.
Por eso, en las Constituciones de su colegio, el cardenal impuso a los alumnos
de teología el estudio de los mejores autores, especialmente de santo Tomás de
Aquino; a los de derecho, la doctrina del Papa Inocencio III; y a todos, la
ética aristotélica. Además, sin contentarse con las clases del Studium urbis,
estableció repeticiones suplementarias impartidas por especialistas directamente
dentro del Colegio. Esta programación de los estudios se insertaba en un marco
de formación integral, centrada en la dimensión espiritual, que tenía como
pilares los sacramentos de la Eucaristía —diaria— y de la Penitencia —al menos
mensual— y se sostenía con las prácticas de piedad prescritas o sugeridas por la
Iglesia.
También la educación caritativa tenía gran importancia, tanto en la vida
fraterna ordinaria como en la asistencia a los enfermos y en lo que hoy llamamos
"experiencia pastoral". En efecto, en los días festivos los alumnos debían
prestar servicio en la catedral o en las otras iglesias del lugar. Por último,
daba una valiosa aportación formativa el estilo comunitario, caracterizado por
una fuerte participación de todos en las decisiones concernientes a la vida del
Colegio.
Encontramos aquí la misma opción de fondo que tendrán después los seminarios
diocesanos, naturalmente con un sentido más profundo de pertenencia a la Iglesia
particular, es decir, la elección de una seria formación humana, cultural y
espiritual, abierta a las exigencias propias de los tiempos y de los lugares.
Queridos amigos, pidamos al Señor, por intercesión de María santísima y de santa
Inés, que el Almo Colegio Capránica prosiga su camino, fiel a su larga tradición
y a las enseñanzas del concilio Vaticano II. A vosotros, queridos alumnos, os
deseo que renovéis cada día, desde lo más profundo del corazón, vuestra entrega
a Dios y a la santa Iglesia, configurándoos cada vez más a Cristo, buen Pastor,
que os ha llamado a seguirlo y a trabajar en su viña. Os agradezco esta grata
visita y, a la vez que os aseguro mi oración, con afecto os imparto una
bendición apostólica especial a todos vosotros y a vuestros seres queridos.
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
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