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VIAJE APOSTÓLICO A BRASIL
CON OCASIÓN DE LA V CONFERENCIA GENERAL
DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE

DISCURSO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A LA COMUNIDAD DE LA HACIENDA DE LA ESPERANZA

Sábado 12 de mayo de 2007

 

Queridos amigos y amigas, por fin me encuentro en la Hacienda de la Esperanza.

1. Con particular afecto saludo a fray Hans Stapel, fundador de la Obra Social Nuestra Señora de la Gloria, también conocida como Hacienda de la Esperanza. Ante todo, deseo congratularme con todos vosotros por haber creído en el ideal de bien y de paz que este lugar significa.

A todos los que estáis en fase de recuperación, así como a los rehabilitados, a los voluntarios, a las familias, a los ex internos y a los bienhechores de todas las "Haciendas" representadas en esta ocasión para encontrarse con el Papa, os digo:  ¡Paz y bien!

Sé que aquí os encontráis reunidos representantes de diversos países, donde tiene sedes la Hacienda de la Esperanza. Habéis venido a ver al Papa. Habéis venido a escuchar y asimilar lo que él os quiere decir.

2. La Iglesia de hoy debe reavivar en sí misma la conciencia de la tarea de volver a proponer al mundo la voz de Aquel que dijo:  "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12). Por su parte, el Papa tiene la misión de renovar en los corazones esa luz que no ofusca, pues quiere iluminar lo más íntimo de las almas que buscan el verdadero bien y la paz, que el mundo no puede dar. Una luz como esta sólo necesita un corazón abierto a los anhelos divinos. Dios no fuerza, no oprime  la  libertad individual; únicamente pide la apertura del sagrario de nuestra conciencia, por donde pasan todas las aspiraciones más nobles, pero también  los afectos y las pasiones desordenadas que ofuscan el mensaje del Altísimo.

3. "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3, 20). Son palabras divinas que llegan al fondo del alma y que mueven hasta sus raíces más profundas.

En un momento determinado de la vida, Jesús viene y llama, con toques suaves, en el fondo de los corazones bien dispuestos. Con vosotros, lo hizo a través de una persona amiga o de un sacerdote; quizá, su providencia dispuso una serie de coincidencias para daros a entender que sois objeto de predilección divina. Mediante la institución que os alberga, el Señor os ha proporcionado esta experiencia de recuperación física y espiritual de vital importancia para vosotros y vuestros familiares. Además, la sociedad espera que sepáis divulgar entre vuestros amigos y entre los miembros de toda la comunidad el bien precioso de la salud.

Debéis ser los embajadores de la esperanza. Brasil posee una de las estadísticas más notables en lo que respecta a dependencia química de drogas y estupefacientes. Y América Latina no se queda atrás. Por eso, digo a los que comercian con la droga que piensen en el mal que están provocando a una multitud de jóvenes y de adultos de todas las clases sociales:  Dios les pedirá cuentas de lo que han hecho. No se puede pisotear de esta manera la dignidad humana. El mal provocado recibe el mismo reproche que hizo Jesús a los que escandalizaban a los "más pequeños", los preferidos de Dios (cf. Mt 18, 7-10).

4. Mediante una terapia, que incluye la asistencia médica, psicológica y pedagógica, pero también mucha oración, trabajo manual y disciplina, ya son numerosas las personas, sobre todo jóvenes, que han conseguido librarse de la dependencia química y del alcohol, y recobrar el sentido de la vida.

Deseo manifestar mi aprecio por esta Obra, que tiene como base espiritual el carisma de san Francisco y la espiritualidad del Movimiento de los Focolares.

La reinserción en la sociedad constituye, sin duda, una prueba de la eficacia de vuestra iniciativa. Pero lo que más llama la atención, y confirma la validez del trabajo, son las conversiones, el reencuentro con Dios y la participación activa en la vida de la Iglesia. No basta curar el cuerpo; es necesario adornar el alma con los dones divinos más preciosos recibidos en el bautismo.

Demos gracias a Dios por haber puesto tantas almas en el camino de una esperanza renovada, con la ayuda del sacramento del perdón y de la celebración de la Eucaristía.

5. Queridos amigos, no puedo dejar pasar esta oportunidad de dar gracias también a todos los que colaboran material o espiritualmente para dar continuidad a la Obra Social Nuestra Señora de la Gloria. Que Dios bendiga a fray Hans Stapel y a Nelson Giovanelli Ros por haber acogido su invitación para dedicar su vida a vosotros. Que bendiga también a todos los que trabajan en esta Obra:  consagrados y consagradas, voluntarios y voluntarias. Una bendición especial va a todas las personas amigas que la sostienen:  autoridades, grupos de apoyo y todos los que aman a Cristo presente en estos sus hijos predilectos.

Mi pensamiento va ahora a otras muchas instituciones del mundo entero que trabajan para restituir la vida, una vida nueva, a estos nuestros hermanos presentes en nuestra sociedad, y que Dios ama con un amor preferencial. Pienso también en los numerosos grupos de alcohólicos anónimos y de drogadictos anónimos, y en la pastoral de la sobriedad, que ya trabaja en muchas comunidades, prestando sus generosos auxilios en favor de la vida.

6. La proximidad del santuario de Aparecida nos asegura que la Hacienda de la Esperanza nació bajo su bendición y su mirada materna. Desde hace mucho tiempo pido a la Madre, Reina y Patrona de Brasil, que extienda su manto protector sobre los que participarán en la V Conferencia general del Episcopado de América Latina y del Caribe. Vuestra presencia aquí supone una ayuda considerable para el éxito de esta gran asamblea; poned vuestras oraciones, vuestros sacrificios y vuestras renuncias en el altar de la capilla, con la seguridad de que, en el santo Sacrificio del altar estas ofrendas subirán a los cielos como un suave aroma en la presencia del Altísimo. Cuento con vuestra ayuda. Que san fray Galvão y santa Crescencia os amparen y protejan a cada uno. A todos os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana   

 

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