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CONCIERTO OFRECIDO POR EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA
ITALIANA GIORGIO NAPOLITANO EN HONOR DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI CON OCASIÓN DEL TERCER ANIVERSARIO
DE SU PONTIFICADO
PALABRAS DEL PAPA BENEDICTO XVI
Sala Pablo VI Jueves 24 de abril de 2008
Señor presidente;
señores cardenales;
venerados hermanos en el
episcopado y en el sacerdocio;
amables señores y señoras:
Al final de este espléndido concierto, me alegra dirigiros un cordial saludo a
todos vosotros, que habéis participado en él: autoridades civiles y militares,
ilustres personalidades y amigos que habéis venido para compartir este momento
de elevado valor cultural. Deseo manifestar mi profunda gratitud, sobre todo, al
presidente de la República italiana, honorable Giorgio Napolitano, que con
ocasión del tercer aniversario de mi pontificado ha querido hacerme este regalo,
acompañándolo con palabras de fina cortesía, que he apreciado mucho. Gracias,
señor presidente, por este acto deferente y cordial, que he acogido de buen
grado. En él veo también un signo ulterior del gran afecto que el pueblo
italiano siente por el Papa. Extiendo mi saludo a su amable esposa y a sus
colaboradores.
Con la seguridad de interpretar los sentimientos de todos los presentes, expreso
mi sincera felicitación a la orquesta sinfónica y al coro polifónico "Giuseppe
Verdi" de Milán, que, guiados con competencia por su director, señor Oleg
Caetani, han tocado y cantado con extraordinario talento y eficacia. Expreso,
asimismo, mi aprecio a la directora del coro, señora Erina Gambarini. Dirijo un
cordial saludo, lleno de gratitud, a los dirigentes de la benemérita fundación "Giuseppe
Verdi", animándolos a proseguir el prestigioso itinerario artístico y cultural
emprendido, que sé que está avalado también por el compromiso de hacer que la
música alivie situaciones de dificultad humana, como por ejemplo las que se
verifican en los hospitales y en las cárceles. Naturalmente, manifiesto mi
agradecimiento a todos los que han contribuido a la organización y a la
realización de este sugestivo concierto, sosteniéndolo de diversos modos.
Hemos tenido la alegría de escuchar con atenta participación varios fragmentos
importantes de conciertos de Luciano Berio, Johannes Brahms y Ludwig van
Beethoven. Me complace poner de relieve que la música de Brahms enriqueció con
confianza religiosa el "Canto del destino", de Hölderlin. Este hecho introduce
en la consideración del valor espiritual del arte musical, llamado, de modo
singular, a infundir esperanza en el corazón humano, tan marcado y a veces
herido por la condición terrena. Existe un misterioso y profundo nexo entre
música y esperanza, entre canto y vida eterna: con razón, la tradición
cristiana representa a las almas bienaventuradas cantando en coro, arrebatadas y
extasiadas por la belleza de Dios. Pero el arte auténtico, como la oración, no
es ajeno a la realidad de cada día; más aún, remite a ella para "inundarla" y
hacerla brotar, a fin de que dé frutos de bien y de paz.
Las magistrales interpretaciones que hemos escuchado nos recuerdan asimismo el
valor y la importancia universal del patrimonio artístico: pienso especialmente
en las generaciones jóvenes, que de dicho patrimonio pueden sacar siempre nuevas
inspiraciones para construir el mundo según proyectos de justicia y solidaridad,
valorando, al servicio del hombre, las multiformes expresiones de la cultura
mundial. Pienso también en la importancia que para la formación de los jóvenes
reviste la educación en la belleza auténtica. El arte en su conjunto contribuye
a afinar su alma y orienta a la edificación de una sociedad abierta a los
ideales del espíritu.
A este respecto, Italia, con su excepcional patrimonio artístico, puede
desempeñar un papel importante en el mundo: la cantidad y la calidad de los
monumentos y de las obras de arte que posee la convierten de hecho en
"mensajera" universal de todos los valores que el arte expresa y al mismo tiempo
promueve. Para los creyentes y para los hombres de buena voluntad, la alegría
del canto y de la música es también una invitación constante a comprometerse
para dar a la humanidad un futuro rico en esperanza.
Señor presidente de la República, gracias una vez más por el estupendo regalo
que me ha hecho y por los sentimientos que lo han acompañado. Correspondo a
ellos, asegurándole un recuerdo en la oración para que el Señor proteja a su
persona, a su amable señora, a las autoridades y a todo el pueblo de Italia. Con
estos deseos, que encomiendo a la intercesión de la Virgen del Buen Consejo,
invoco la bendición de Dios sobre todos los presentes y sobre sus respectivas
familias.
¡Gracias y buenas noches a todos!
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
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