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PALABRAS DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
TRAS UN CONCIERTO OFRECIDO POR LA ORQUESTA FILARMÓNICA
DE CHINA Y EL CORO DE LA ÓPERA DE SHANGHAI


Miércoles 7 de mayo de 2008

 

Amables señores y señoras;
queridos amigos: 

Una nueva velada musical de alto nivel nos reúne una vez más en esta sala Pablo VI. Para mí, y para todos nosotros, reviste un valor y un significado elevados. En efecto, es un concierto ofrecido y ejecutado por la Orquesta filarmónica china y por el coro de la Ópera de Shanghai; un concierto que nos pone en contacto, en cierto modo, con la realidad viva del mundo de China.

Agradezco a la orquesta y al coro este grato homenaje, y me congratulo con los organizadores y los artistas por haber interpretado con gran competencia, finura y elegancia, una obra musical que forma parte del patrimonio artístico de  la  humanidad. En un grupo de artistas tan cualificados podemos ver representada la gran tradición cultural y musical de China, y la interpretación que han llevado a cabo nos ayuda a comprender  mejor la historia de su pueblo, con sus valores y sus nobles aspiraciones.

Gracias de corazón por este regalo. Gracias también por la melodía que será interpretada dentro de poco. Expreso mi profundo agradecimiento a los promotores y a los artistas, así como a todos los que, de diferentes maneras, han colaborado en la realización de esta manifestación, en algunos aspectos verdaderamente única.

Conviene destacar que este concierto —en el que artistas chinos han interpretado una de las principales obras de Mozart— une vuestro talento musical y la música occidental. El director Long Yu, con su orquesta, los solistas y el coro del teatro de la Ópera de Shanghai han estado a la altura del desafío. La música, y el arte en general, puede servir como medio privilegiado de encuentro y de conocimiento y estima recíproca entre poblaciones y culturas diferentes; un medio al alcance de todos, para valorar el lenguaje universal del arte.

Hay otro aspecto que deseo destacar. Veo con placer el interés mostrado por vuestra orquesta y vuestro coro por la música religiosa europea. Esto demuestra que es posible disfrutar y apreciar, en diferentes ámbitos culturales, las manifestaciones sublimes del espíritu, como el Requiem de Mozart, que acabamos de escuchar, precisamente porque la música expresa los sentimientos humanos universales, entre ellos el sentimiento religioso, que trasciende los límites de cualquier cultura individual.

Por último, quisiera decir unas palabras a propósito del lugar en el que estamos reunidos esta tarde. Es la gran sala en la que el Papa recibe a sus huéspedes y se encuentra con cuantos vienen a visitarlo. Es como una ventana abierta al mundo, un lugar donde se encuentran a menudo personas provenientes de todas las partes de la tierra, cada una con su propia historia personal y con su propia cultura, cada una acogida con estima y afecto.

Esta tarde, al acogeros a vosotros, queridos artistas chinos, el Papa quiere acoger idealmente a todo vuestro pueblo, pensando de modo especial en vuestros compatriotas que comparten la fe en Jesús y están unidos con un particular vínculo espiritual al Sucesor de Pedro. El "Requiem" nació de esta fe, como oración al Dios juez justo y misericordioso, y precisamente por eso toca el corazón de todos, presentándose como expresión de un humanismo universal.

Por último, a la vez que os doy las gracias una vez más por este gratísimo homenaje, envío mi saludo, a través de vosotros, a todos los habitantes de China que, con las próximas Olimpíadas, se preparan para vivir un acontecimiento de gran valor para toda la humanidad.

Os doy las gracias a todos y os expreso mis mejores deseos.

 

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana

 

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