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PEREGRINACIÓN
DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A TIERRA SANTA
(8-15 DE MAYO DE 2009)

RESPUESTAS DEL PAPA BENEDICTO XVI
A LAS PREGUNTAS DE LOS PERIODISTAS DURANTE
EL VUELO HACIA TIERRA SANTA

Viernes 8 de mayo de 2009

 

El padre Federico Lombardi, s.j., director de la Sala de prensa de la Santa Sede, dirigió al Santo Padre algunas preguntas formuladas por los periodistas.

P. Santidad, este viaje se realiza en un período muy delicado para Oriente Medio:  hay fuertes tensiones; con ocasión de la crisis de Gaza, incluso se había pensado que usted renunciaría a realizarlo. Al mismo tiempo, pocos días después de su viaje, los principales responsables políticos de Israel y de la Autoridad palestina se encontrarán con el presidente Obama. ¿Piensa usted que podrá dar una contribución al proceso de paz que ahora parece encallado?

R. ¡Buenos días! Ante todo quiero agradeceros el trabajo que lleváis a cabo y desear a todos un buen viaje, una buena peregrinación, un buen regreso. Con respecto a la pregunta, ciertamente trato de contribuir a la paz no como individuo, sino en nombre de la Iglesia católica, de la Santa Sede. Nosotros no somos un poder político, sino una fuerza espiritual; y esta fuerza espiritual es una realidad que puede contribuir al progreso del proceso de paz. Veo tres niveles. El primero:  como creyentes, estamos convencidos de que la oración es una verdadera fuerza, pues abre el mundo a Dios. Estamos convencidos de que Dios escucha y de que puede actuar en la historia. Creo que si millones de personas, de creyentes, rezan, es realmente una fuerza que influye y puede contribuir a que se restablezca la paz. El segundo nivel:  tratamos de ayudar en la formación de las conciencias. La conciencia es la capacidad del hombre de percibir la verdad, pero esta capacidad a menudo está obstaculizada por intereses particulares. Y liberar de estos intereses, abrir más a la verdad, a los verdaderos valores, es una gran tarea; la Iglesia tiene el deber de ayudar a conocer los verdaderos criterios, los verdaderos valores, y liberarnos de intereses particulares. Y de este modo —tercer nivel— hablamos también —es así— a la razón:  precisamente porque no somos parte política, quizá podemos ver más fácilmente, también a la luz de la fe, los verdaderos criterios, ayudar a entender lo que contribuye a la paz y hablar a la razón, apoyar las posturas realmente razonables. Y esto lo hemos hecho ya y queremos hacerlo ahora y en el futuro.

P. Usted, como teólogo, ha reflexionado en particular sobre la raíz única que une a cristianos y judíos. ¿Cómo es posible que, a pesar de los esfuerzos de diálogo, se presenten a menudo ocasiones de malentendidos? ¿Cómo ve el futuro del diálogo entre las dos comunidades?

R. Lo importante es que en realidad tenemos la misma raíz, los mismos Libros del Antiguo Testamento, que tanto para los judíos como para nosotros son Libro de la Revelación. Pero naturalmente, tras dos mil años de historias distintas, más aún, separadas, no debe sorprender que existan malentendidos, porque se han formado tradiciones de interpretación, de lenguaje, de pensamiento muy diferentes; por decirlo así, un "cosmos semántico" muy diverso, de modo que las mismas palabras en ambas partes significan cosas distintas; y con este uso de palabras que, en el curso de la historia han asumido significados diversos, nacen obviamente malentendidos. Debemos hacer todo lo posible para aprender uno el lenguaje del otro, y me parece que estamos haciendo grandes progresos. Hoy tenemos la posibilidad de que los jóvenes, los futuros profesores de teología, estudien en Jerusalén, en la Universidad judía, y los judíos tienen contactos académicos con nosotros: así se da un encuentro de estos "cosmos semánticos" diversos. Aprendemos mutuamente y avanzamos por el camino del verdadero diálogo; aprendemos unos de otros, y estoy seguro y convencido de que estamos haciendo progresos. Y esto ayudará también a la paz, más aún, al amor recíproco.

P. Este viaje tiene dos dimensiones esenciales de diálogo interreligioso, con el islam y con el judaísmo. ¿Son dos direcciones completamente separadas entre sí, o habrá también un mensaje común que tenga que ver con las tres religiones que hacen referencia a Abraham?

R. Ciertamente existe también un mensaje común y habrá ocasión de destacarlo; a pesar de la diferencia de orígenes, tenemos raíces comunes porque, como ya he dicho, el cristianismo nace del Antiguo Testamento, y la Escritura del Nuevo Testamento no existiría sin el Antiguo, pues se refiere permanentemente a la "Escritura", es decir, al Antiguo Testamento; pero también el islam nació en un ambiente donde estaban presentes tanto el judaísmo como las diversas ramas del cristianismo:  cristianismo judío, cristianismo antioqueno, cristianismo bizantino, y todas estas circunstancias se reflejan en la tradición coránica. De modo que, desde los orígenes, tenemos mucho en común, también en la fe en el único Dios. Por eso es importante, por una parte, mantener un diálogo bilateral —con los judíos y con el islam— y luego también un diálogo trilateral. Yo mismo fui cofundador de una fundación para el diálogo entre las tres religiones, donde personalidades como el metropolita Damaskinos y el gran rabino de Francia René Samuel Sirat, entre otros, estaban juntos; y esta fundación publicó también una edición de los libros de las tres religiones:  el Corán, el Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento. Por tanto, el diálogo trilateral debe proseguir; es importantísimo para la paz y también —digamos— para que cada uno viva bien su propia religión.

P. Santidad, a menudo ha aludido usted al problema de la disminución de los cristianos en Oriente Medio y también en particular en Tierra Santa. Este fenómeno se debe a diferentes razones de carácter político, económico y social. ¿Qué se puede hacer en concreto para ayudar a la presencia cristiana en la región? ¿Qué contribución espera dar con su viaje? ¿Hay esperanzas para estos cristianos en el futuro? ¿Tendrá un mensaje particular también para los cristianos de Gaza que vayan a encontrarse con usted en Belén?

R. Ciertamente hay esperanzas, porque ahora, como usted ha dicho, es un momento difícil, pero también un momento de esperanza de un nuevo comienzo, de un nuevo impulso en el camino hacia la paz. Queremos sobre todo alentar a los cristianos en Tierra Santa y en todo el Oriente Medio a quedarse, a dar su contribución en sus países de origen:  son un componente importante de la cultura y de la vida de estas regiones. En concreto, la Iglesia, además de palabras de aliento, de la oración común, tiene sobre todo escuelas y hospitales. En este sentido tenemos la presencia de realidades muy concretas. Nuestras escuelas forman a una generación que tendrá la posibilidad de estar presente en la vida de hoy, en la vida pública. Estamos creando la Universidad católica en Jordania. Me parece que esto abre grandes perspectivas, pues en esas escuelas los jóvenes —tanto musulmanes como cristianos— se encuentran, aprenden juntos, en ellas se forma una élite cristiana que está preparada precisamente para trabajar por la paz. Pero generalmente nuestras escuelas son una oportunidad muy importante para abrir un futuro a los cristianos, y los hospitales muestran nuestra presencia. Además, hay muchas asociaciones cristianas que ayudan de diversos modos a los cristianos y, con ayudas concretas, los animan a quedarse. Así espero que realmente los cristianos encuentren el valor, la humildad, la paciencia para quedarse en estos países, para dar su contribución al futuro de estos países.

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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