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PALABRAS DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
EN EL TRADICIONAL ALMUERZO
CON LOS PADRES SINODALES
Sala Pablo VI
Viernes 12 de octubre de 2012
Santidad,
Su Gracia,
queridos hermanos:
Para empezar desearía anunciar un poco de gracia; o sea, esta tarde
comenzaremos no a las cuatro y media —me parece inhumano—, sino a las seis menos
cuarto.
Es una bella tradición creada por el beato Papa Juan Pablo II la de coronar
el Sínodo con un almuerzo en común. Para mí es una gran alegría que a mi derecha
esté Su Santidad Bartolomé, patriarca ecuménico de Constantinopla, y al otro
lado el arzobispo Rowan Williams, de la Comunión anglicana.
Para mí esta comunión es un signo de que estamos en camino hacia la unidad y
de que en el corazón vamos adelante. El Señor nos ayudará a ir adelante también
exteriormente. Esta alegría, creo, nos da fuerza igualmente en el mandato de la
evangelización. Synodos quiere decir «camino común», «estar en camino
común», y así la palabra synodos me hace pensar en el famoso camino del
Señor con los dos discípulos de Emaús, que son un poco la imagen del mundo
agnóstico de hoy. Jesús, su esperanza, había muerto; el mundo, vacío; parecía
que Dios realmente o no estuviera o no se interesara por nosotros. Con esta
desesperación en el corazón, y sin embargo con una pequeña llama de fe, siguen
adelante. El Señor camina misteriosamente con ellos y les ayuda a entender mejor
el misterio de Dios, su presencia en la historia, su caminar silenciosamente con
nosotros. Al final, en la cena, cuando las palabras del Señor y su escucha ya
habían encendido el corazón e iluminado la mente, le reconocieron y, por fin, el
corazón empieza a ver. Así, en el Sínodo, estamos junto a nuestros
contemporáneos en camino. Roguemos al Señor para que nos ilumine, nos encienda
el corazón para que sea clarividente, nos ilumine la mente; y roguemos para que
en la cena, en la comunión eucarística, podamos realmente estar abiertos, verle,
y así encender también el mundo y darle a éste su luz.
En este sentido la cena —como el Señor utilizó frecuentemente el almuerzo y
la cena como símbolo del reino de Dios— podría ser también para nosotros un
símbolo del camino común y una ocasión de orar al Señor para que nos acompañe,
nos ayude. En este sentido decimos ahora la plegaria de acción de gracias.
Buen descanso; nos vemos en el aula del Sínodo. ¡Gracias!
© Copyright 2012 - Libreria Editrice Vaticana
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