JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Viernes 8 de diciembre de 1978 Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María
Dentro de un poco rezaremos el Ángelus. En esta oración recordaremos el
acontecimiento que ocurrió en una ciudad de Galilea, llamada Nazaret. El
acontecimiento que esperaba el mundo entero, sumido en la oscuridad del
Adviento, de la espera.
"Salve, llena de gracia, el Señor es contigo" (Lc 1, 28).
Estas son las palabras de Dios que el Ángel dirige a una pobre muchacha de
Nazaret, llamada Miriam (María), cuyos padres, según la tradición, eran Joaquín
y Ana, y que desde sus más tiernos años deseaba pertenecer sin reserva,
completamente, al Señor, como atestigua la conmemoración de la Presentación, que
se celebra cada año el 21 de noviembre.
Salve, llena de gracia. ¿Qué significan estas palabras? El evangelista San Lucas
escribe que María (Miriam), al oír estas palabras pronunciadas por el Ángel, "se
turbó y discurría qué podría significar aquella salutación" (Lc 1, 29).
Estas palabras expresan una elección singular. Gracia significa una plenitud
particular de la creación a través de la cual el ser, que se asemeja a Dios,
participa de la misma vida íntima de Dios. Gracia quiere decir el amor y el don
de Dios mismo, el don totalmente libre ("dado gratuitamente") por el que Dios
confía al hombre su misterio, dándole, al mismo tiempo, la capacidad de poder
ser testigo del misterio, de colmar con él su ser humano, la vida, los
pensamientos, la voluntad y el corazón.
La plenitud de gracia es Cristo mismo. María de Nazaret recibe a Cristo, y
juntamente con Cristo y por Cristo recibe la participación más plena en el
misterio eterno, en la vida íntima de Dios: del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo. Esta participación es la más plena de todo lo creado, supera cuanto
separa al hombre de Dios. Excluye también el pecado original: la herencia de
Adán. Cristo, que es el artífice de la vida divina, es decir, de la gracia en
cada hombre, mediante la redención que llevó a cabo, debe ser particularmente
generoso con su Madre. Debe redimirla del pecado de modo singularmente
sobreabundante ("copiosa apud eum redemptio: en Él está abundante
redención", Sal 129, 7). Esta generosidad del Hijo para con su Madre
comienza en el momento mismo de su existencia. Se llama Inmaculada Concepción.
Hace cien años murió un gran Papa, el Siervo de Dios Pío IX. Recordemos hoy las
palabras con las que expresó la doctrina de la Iglesia sobre la Inmaculada
Concepción:
"Con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y
Pablo, y con la Nuestra, declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina
que afirma que la Santísima Virgen María, desde el primer instante de su
concepción, por gracia singular y por privilegio que le concedió el Dios
Omnipotente, en previsión de los méritos de Jesucristo, Salvador del género
humano, fue preservada inmune de toda mancha de pecado original, es verdad
revelada por Dios y por esto debe ser creída firme y constantemente por todos
los fieles" (Bula Inefiabilis Deus).
Recordando todo esto, recemos hoy el Angelus Domini con emoción singular.
Con este saludo del Ángel reza Roma, toda la Iglesia y el mundo.
Palabras sobre el Beato p. Maximiliano Kolbe
(Tras leer la alocución el Papa añadió espontáneamente:)
Séame permitido conmemorar hoy a un gran servidor de María Inmaculada, cual fue
el Beato p. Maximiliano Kolbe, y lo hago pensando de una forma particular en
Polonia, pronunciando algunas palabras en mi lengua materna.
(Y dijo lo siguiente en polaco:)
La Iglesia en Polonia reza con este saludo del Ángelus, teniendo presente el
recuerdo del Beato Maximiliano María Kolbe, que vinculó a la Inmaculada toda su
santidad y actividad apostólica, y que se inspiró en este misterio primordial
con el cual Dios marcó en la tierra el comienzo de la vida de la Madre de Cristo
y de la Iglesia.
(Luego, se refirió a la presencia en Roma de muchos milaneses
que habían venido para conmemorar al p. Gemelli, y dijo:)
Quiero expresar mi gratitud a todos aquellos que me escuchan y rezan conmigo: a
todos los romanos y más amo a todos los milanesas que han venido hoy a Roma para
celebrar el centenario del nacimiento del fundador de la Universidad Católica de
Milán el gran padre Gemelli. Ahora iré al Aula de las Audiencias para
encontrarme con estos mis carísimos huéspedes
Nos encontraremos esta tarde en la plaza de España, y luego en Santa María la
Mayor. Alabado sea Jesucristo.
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