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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 18 de marzo de 1979

 

1. "Él te librará...".

Estas palabras son del Salmo 90 que comienza: "El que habita al amparo del Altísimo..." y alaba la misericordiosa Providencia divina. En el momento de la tentación de Cristo, el tentador se refirió a las palabras de este Salmo. Tratando de convencer al Mesías para que se tirase desde el pináculo del templo de Jerusalén, le recordó que "a sus ángeles encargará que te tomen en sus manos para que no tropiece tu pie contra una piedra" (Mt 4, 6).

Y entonces, como sabemos, Cristo reprendió al tentador diciendo: "No tentarás al Señor tu Dios" (Mt 4, 7). Le reprendió por el abuso de las palabras divinas, por su interpretación perversa y por la falsificación de la verdad contenida en ellas.

"El te librará..."

En el tiempo de Cuaresma la Iglesia vuelve cada día sobre estas palabras en la Liturgia de las Horas. Nos recuerda diariamente el sentido propio de la liberación del hombre, que Dios ha realizado y continúa realizando en Cristo. La Iglesia nos recomienda cada día, en el período de Cuaresma, meditar esta frase del Salmo 40, para que participemos en la liberación: liberación del pecado, liberación de la concupiscencia de la carne, de la concupiscencia de los ojos. de la soberbia de la vida (cf. Jn 2, 16), liberación de lo que más coarta al hombre, aunque le permita conservar la apariencia de autonomía.

El hombre salva estas apariencias a costa de la posesión y del uso de las cosas, a costa de un poder que no entiende como servicio, sino como servirse de los otros usando frecuentemente la prepotencia, a costa de su prójimo. La verdadera liberación del hombre, la liberación que Cristo le trae, es también liberación de las apariencias de la liberación, de las apariencias de la libertad que no son la libertad verdadera.

"El te librará..."

Al comienzo y durante la Cuaresma, la Iglesia nos invita a inclinar la cabeza ante Dios. Cuando volvemos a levantar la cabeza, vemos a Cristo, Redentor del hombre, que nos enseña con toda su vida, y después de manera definitiva con la pasión y la muerte, lo que significa "ser libre", lo que quiere decir hacer buen uso de la libertad que corresponde al hombre, lo que significa usar plenamente el don de la libertad.

Esta es la enseñanza del Evangelio. La enseñanza particular de la Cuaresma. Es necesario que nosotros en este período nos examinemos ante Cristo del uso que hacemos de nuestra libertad. Preparándonos a la confesión pascual, debemos hacer un profundo examen de conciencia sobre esto.

2. Deseo también recordar hoy al gran Papa Pío XII que, hace 40 años, justamente al comienzo del mes de marzo de 1939, fue llamado a la Sede de Pedro. Era casi en las vísperas de la segunda guerra mundial...

No olvidaré jamás la profunda impresión que tuve cuando se me ofreció la ocasión de verle de cerca por primera vez. Ocurrió en la audiencia concedida a los sacerdotes jóvenes y seminaristas del Colegio Belga. Cuando Pío XII, acercándose a cada uno de los presentes, llegó a mí, el rector del Colegio (hoy cardenal de Furstenberg) le dijo que yo procedía de Polonia. El Papa se detuvo un momento, repitió con emoción visible "de Polonia", y dijo en polaco: "Alabado sea Jesucristo". Esto tuvo lugar en los primeros meses del año 1947, poco menos de dos años después del fin de la segunda guerra mundial, que fue una prueba terrible para Europa y especialmente para Polonia.

En este 40 aniversario del comienzo de aquel significativo pontificado, no podemos olvidar cuánto contribuyó Pío XII a la preparación teológica del Concilio Vaticano II, sobre todo por lo que respecta a la doctrina sobre la Iglesia, las primeras reformas litúrgicas, el nuevo impulso dado a los estudios bíblicos, la gran atención a los problemas del mundo contemporáneo.

Es, pues, nuestro deber natural recordar a aquella alma grande en la plegaria de hoy a María, de la que él fue tan devoto, como todos bien sabemos.


Después del Ángelus

Quiero dirigir también un saludo especial a los numerosos peregrinos que están reunidos aquí hoy con motivo de la marcha de la «Antorcha benedictina».

Dentro de algunos minutos encenderé esta antorcha, que un grupo de jóvenes llevará, a través de Montecasino, Subiaco y otros lugares del Lacio y de Umbría, hasta Nursia, donde permanecerá encendida durante todo el tiempo de las fiestas en honor de San Benito y Santa Escolástica, de quienes se celebra este año el XV centenario de su nacimiento.

Saludo además a los alumnos del Colegio Germánico-Húngaro, que terminan aquí en San Pedro su peregrinación a las siete iglesias de Roma.

Es una práctica piadosa muy querida por San Felipe Neri, el gran Santo de Roma, y muy estimada durante siglos

A todos mi complacencia y mis mejores deseos, y mi bendición.

* * *

Hoy, víspera de San José, saludo en especial a la parroquia de San José de "Forte Boccea", donde realizaré la visita pastoral esta tarde; y puesto que hay tantos y tantas que llevan el nombre del Santo, felicito cordialmente a todos los Josés y Josefas, y los bendigo.

Gracias, muchas gracias por haber venido. Oremos por la paz en Oriente Medio y en todos los sitios; oremos para que se construya una paz sólida y efectiva para toda la humanidad. ¡Alabado sea Jesucristo!

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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